Frío de oso polar

En la zona centro-sur del país estamos pasando por lo que las chicas del tiempo en la tele llaman una "onda polar". Básicamente, hace frío... mucho. Igual es gracioso que lo digan mientras lucen sendos escotes y bronceados.
Bueno, los que no estamos en un set de grabación meteorológica de la capital, estamos muertos de frío. Es un frío seco, como el que se siente en una montaña, cuando sales al balcón nevado después de tomar una taza de café con leche recién hervida en la cocina a leña. Ese frío que cuando respiras, te hiela la nariz por dentro, y que en la garganta es como comer helados, pero sin las calorías... o el sabor.
Una de las mejores cosas de tener frío es el momento en que ya no lo tienes. Nadie me puede negar lo excelente que es sentirse, finalmente, abrigado. Sentirse tibio, arropado, seco, reconfortado, regaloneado (por qué no).
Otra cosa buena del frío es que nos permite comprobar lo bien diseñado que está el cuerpo humano. Siempre me asombro de que no importa cuán bajas sean las temperaturas, donde menos sentimos el frío es en la cabeza, principalmente en la cara. Podemos salir sin gorro, pero por ningún motivo sin chaqueta, aún cuando la piel y la capa de grasa bajo ella son considerablemente más gruesas en el resto del cuerpo que en la cara. Eso me parece maravilloso.
O, por ejemplo, que es muy muy poco común tener frío en los ojos (yo sólo lo he tenido un par de veces), y eso que están todo el tiempo extra expuestos al ambiente. Pero si nos diera frío o calor, los cerraríamos espontáneamente... y eso no sería muy práctico. Caídas, accidentes estúpidos, daños a la propiedad pública y privada, entre miles de otras situaciones absurdas serían el pan de cada día. Ni hablar de cómo sería el tránsito, un desastre, por sólo un par de "parpadeos de frío" en la ruta.
Cuando yo era muy chica, mi padrino me decía "osito polar". Es una de las pocas cosas que me acuerdo de él. Eso y que me daba unos dulces que parecían natur, pero más grandes y menos dulces, que venían en unas bolsas super grandes (o tal vez yo era una mini persona en un mundo de tamaño normal). La cosa es que ahora que hace tanto frío me he acordado bastante de ese apodo, preguntándome si me lo decía porque tendría las manos heladas, o si era muy blanca, o si me gustarían los osos polares, o hasta si tendría cara de oso. Bueno, después se murió, y yo nunca se lo pude preguntar.
Los osos polares en realidad son negros abajo de todo ese pelaje blanco. Son negros para extraer todo el calor del sol, y son blancos para confundirse con la nieve. Una maravilla de animales, tiernos y feroces. Se mueven con gracia por el hielo ártico, como en los documentales, junto a sus crías... cuando todavía en sus hocicos tienen restos de sangre de foca.

Comments

Carlitos Fierro said…
El frio de mierda hizo que me salieran ERITEMAS PERNIOS, que comunmente se conocen como sabañones...
a diferencia de lo que uno podría pensar, NO SE TRATA DE HONGOS, sino que se originan cuando los vasos sanguíneos superficiales de la piel se estrechan excesivamente, lo que provoca una mala circulación de la sangre...o sea, pura mala circulacion por culpa del puto frio ayudado por algo de humedad...
quién sabe de dónde vino la denominación de "sabañones"...
la cosa es que yo estaba convencido de que era un bicho el que me había picado los dedos, que a veces se hinchaban molestosamente...
en fin...
ojala se pase luego este frío de oso polar. Por lo menos, mis dedos (de la mano derecha) ya están bien

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