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Showing posts from October, 2011

Yahoo preguntas sin Yahoo respuestas.

Estoy asquerosamente triste. Cuando me pasan estas cosas pienso que nunca voy a volver a ver noticias. Que voy a bloquear todas las páginas de noticias que se que me ponen mal. Que voy a hacer como que lo que se que me mata las ganas no existe. Pero no puedo. Nunca he visto como solución el alejarme del dolor. Mi mamá ha hecho de esa estrategia un método de vida, y yo me prometí que no la replicaría. Y tampoco quiero hacerlo. No es consuelo, ni cerca, el taparme los ojos. Al contrario, me sentiría peor. Le adjuntaría el peso de tratar de engañarme. Como sea, las cosas no me pesan menos mientras sepa menos detalles. No desaparecen, no se arreglan, en la medida en que yo hago como que no pasan, que no son. Me acuerdo que la última vez me tocó mientras estaba en el auto (ser testigo de una atrocidad, digo). Igual terminé llorando aunque traté por todos los medios de evitarlo. Lo bueno es que no me da verguenza. No se, de cierta forma lo veo como una pancarta ambulante, el ir al supe...

Bestias de cuatro patas... bestias de dos patas.

Estaba con mi gata en el patio, ya saben, pasando tiempo de calidad. Cuando pasa el vecino y al vernos empieza a contarme de sus dos gatos (nuevos, porque el primer par fue asesinado a postonazos por un tercer vecino) y un perro que tiene. Y cómo su perro tuvo una enfermedad y tuvo que operarlo. De cómo le dolió el bolsillo hacerlo, tanto que llegó a agarrarse la cabeza cuando se acordó. También contó de la esterilización de sus dos gatos y que todos estaban bien y contentos ahora. De esa conversación trivial yo me quedé con la imagen del pobre caballero tomándose la cabeza al recordar la cuenta del veterinario. Porque, claro, tiene que haberle dolido el bolsillo, yo lo se, pero lo bueno es que lo hizo. Lo hizo igual. Cuando adopté a mi gata también se me vino encima una maratón de visitas a veterinarios con sus respectivas cuentas y recetas. Eso pasa cuando adoptas un gato enfermo. Pero... lo hice igual. Cuando me vi acogotada en la caja chica, aproveché de hacer un orden en la bib...

El retorno del Jedi

Cuando trabajaba en la refinadora de petróleo local, todos los días mientras caminaba al casino para comer mi almuercito, me fijaba en un cartel que anunciaba orgullosamente, por ejemplo, "128 DÍAS SIN ACCIDENTES". Todos los días, claro, la cifra aumentaba. Hasta que una tarde estaba en el baño de la oficina, cuando alguien me toca la puerta y me dice que me dirija a la entrada del edificio. Sonaba una sirena y por el parlante del lobby una voz serena y acertiva nos pedía quedarnos en nuestros lugares de trabajo hasta recibir nueva información. Al día siguiente, en mi caminata hacia el casino, leí: "0 DÍAS SIN ACCIDENTES". Si yo tuviera un cartel de esos, cada día que trabajé en la refinería local, habría dicho "0 días sin accidentes", porque recuerdo ese tiempo como el más zen-accidentado de mi historia. Todos los días volvía a mi casa con ganas de matar a alguien, poner una bomba, dinamitar un edificio, mandar cartas con antrax, esparcir virus bioló...