Infantilización.

Cada cierto tiempo, alguien me infantilea. Se que el verbo "infantilear" no está en la Real Academia Española (como si están varios menos útiles), pero la Real Academia Española, es pocas palabras... no existe.

Así que, bien. Como iba diciendo, me parece increíble que, a pesar de todo, cada cierto tiempo alguien me infantilea. Me refiero, como debe parecer evidente, a la acción de descalificar a alguien apelando a su condición infantil, aunque esta no sea tal.
Por ejemplo, hoy mi madre estaba fuera de sí por culpa de un problema que tenía, y al yo reiterarle mi sugerencia para aliviar su sufrimiento, me llevé un "a ver, acá ya hay adultos resolviendo este problema, gracias".
Estupor.

La última vez que me habían infantileado fue para el terremoto del año pasado, en que un amigo de mi papá (también por tratar de reiterar mi opinión en un asunto familiar que apremiaba una solución) me hizo callar diciendo: "dejemos que los papás vean qué hacer, ok". Y eso que él tampoco tenía nada que ver en el lío, pero, por un asunto de años, quizás, se sintió con autoridad para despacharme la frasecita.

Quiero aclarar que si se trata de edades, estoy más cerca de los treinta que de los veinte. Es decir, es francamente ridículo seguir siendo víctima de infantilización, especialmente dentro de mi propia familia y conocidos, que además me conocen lo suficiente para notar que simplemente hacen el soberano ridículo en esas situaciones.

Otro caso de infantilización no verbal es, por ejemplo, lo que tengo que vivir en cada uno de los almuerzos familiares en la casa de mi abuela paterna. Ahí es tradicional tener una mesa de niños y una de adultos. Pues yo, a mis 27 años, feliz comparto mesa con mi primo de 11 (porque, la verdad, se pasa más gracioso y se sufre menos que en la de "adultos"), pero cada vez que toco la silla, pienso "qué hago en la mesa de niños?!".

En defensa de mis perpetradores, para que vean qué madura soy (uff), puedo decir que sí me veo como un sujeto fácilmente infantilizable. Digamos... joven. Digamos... ya, infantil.
Pero es que la infantilidad aparente está en mi familia. No en todos, pero tengo una tía, por ejemplo, que parece como de 30 y tiene, no se, es hermana de mi abuelita, así que no me atrevo ni a imaginarlo. De hecho, ella da miedo y no se si me gustaría seguir ese mismo rastro genético, porque las confusiones que provoca en la gente pueden ser potencialmente catastróficas.
Ejemplo práctico -y reciente-: En las pasadas vacaciones, venía yo volviendo de Argentina y en la aduana me llama un tipo de la Policía de Investigaciones y, con mi carnet en mano, me mira fijo y me pregunta mi nombre. Yo le respondo. Entonces, me mira un poco más y me pregunta "a ver... y cuántos años tienes?". Así como para pillarme. Entonces yo le contesto extrañada, pero resuelta: "veintisiete".
Y el muy simpático se largó a reír. Pero poco, como con esa risa de ups! a la que no están ajenos ni siquiera los policías fronterizos.
Luego me devolvió mi documento y yo, mientras me retiraba de la ventanilla, recién me di cuenta de qué había pasado. La foto del carnet no coincide lógicamente con la fecha de nacimiento que indica. Y el buen efectivo de la polícía quería asegurarse de que no estuvieran tratando de internarme a mi, una pobre menor de edad, en el país usando un documento falso para servir a quizás qué oscuro propósito.

No, si aparte de destacar la buena labor de mis policías, esto me dejó claro que la infantilización de la que soy objeto es algo transversal a todas las esferas de la sociedad, civil y militar. Y eso que no he entrado en el
asunto de tratar de "conocer gente" de mi edad, viéndome como... no de mi edad.
Ni siquiera voy a tocar ese tema. Ahí me he llevado las mayores "anécdotas".

Al final, no me queda más que tratar de sacar cuentas alegres:
1.- En el futuro, me será mucho más fácil que a mis congéneres etarias tener mi propio Ashton Kutcher.
2.- Mientras me vea como una adolescente, mis comentarios sobre política serán mucho más impresionantes.
3.- En la jerarquía familiar, los hijos de la generación más joven siempre, pero siempre, van a ser los infantiles, y luego, los infantilizados. Aunque tengan cincuenta años, aunque estén jubilados... hasta... que ellos mismos tengan hijos. Entonces, la infantilización se traslada a esos nuevos "hijos".
Una linda dinámica, supongo. De la cual me veo en la obligación moral de aprovecharme en algún momento.

Bah! Una porquería de dinámica.

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