... y aquí no ha pasado nada.
El fin de semana fui al epicentro de la noticia. Si, salí de mi casa para ver en persona parte de las consecuencias del derrame submarino de petróleo que afecta, y afectará por mucho tiempo todavía, a la bahía de Talcahuano.
El asunto es que la Enap (Empresa Nacional del Petróleo), por una negligencia de los mil demonios, permitió que se filtraran 350 MIL litros de crudo en la bahía de san vicente.
Terrible.
En las noticias escuché que habían dos colonias completas de lobos marinos, más varias aves y todo lo que sea vida submarina, en peligro por el derrame, y varios animales ya han muerto por esta causa, ya sea por ingesta de la sustancia o bien, porque esta se les pega en la piel y mueren lentamente por la falta de permeabilidad.
Lo otro es, claro, que si no hay animalitos marinos, no solamente se enojan los ambientalistas y eas perdonas de pelo largo y morrales... nones. También estamos hablando de la fuente laboral de miles de personas, siendo talcachuano una ciudad portuaria. En este sentido, los pescadores artesanales son los más afectados, evidentemente.
No quiero entrar en detalles más que conocidos no solo por este caso, sino por la información que desde siempre nos han bombardeado las organizaciones ecológicas en panfletos, comerciales, revistas, etc., y que nos parecen incluso algo exageradas.
Bueno, para eso fui a la Caleta Infiernillo, en San Vicente, y me encontré con todo lo que no esperaba ver, es decir, exáctamente lo mismo que había visto en la tele.
Qué rabia me da pensar que yo estuve hasta hace un mes trabajando en esa empresa, precisamente como periodista. Por suerte que me tuve que ir antes de todo esto, porque habría sido realmente nauseabundo ser testigo de los desesperados intentos del departamento de comunicaciones por sacar de la parrilla programática la noticia, de tapar como fuera la verdadera magnitud del desastre. Porque en empresas como Enap Refinerías, que nunca tienen directamente la culpa y donde todo se puede solucionar donando unos pocos computadores a una escuelita, el trabajo del periodista se riñe más que nunca con un pequeño y molesto asuntillo: la ética.
Lamentablemente, ese es un detalle del cual yo adolesco.
Ahora, hay que tener en cuenta que lo que se ha calificado como el mayor descalabro ecológico en la historia de la región no pasará nunca a ser tema central de un noticiero, ni seguirá por mucho tiempo en los medios, por una doble razón: el trabajo comunicacional de la Enap, por un lado, y, por el otro, el hecho para nada menor de que la Empresa Nacional del Petróleo es, como delata su nombre, propiedad del estado.
Y si hay una entidad más habituada, y por lo tanto, experta en cubrir y "omitir" que la Enap, es el ESTADO... el Gobierno... El Hombre... el Gran Hermano.
Yo no soy ambientalista. No porque no quiera, sino porque es re complicado ser ecológica en regiones, donde uno separa la basura en tres recipientes distintos, pero el basurero las hecha todas juntas al camión. Sin embargo, pude sentir como mis ojos de completo civil (sin morral ni pelo largo) se desorbitaban ante la escena de decenas de lobos marinos negros, varados y apretujados en el pedazo de arena que les limpiaron especialmente. Ahí estaban, cercados improvisadamente con un cordón de boyas negras (otrora amarillas), para que no se les fuera a ocurrir volver a meterse en el agua negra, donde toda su comida ahora esta muerta y negra, como los botes que sacaron del mar para estacionarlos en una deprimente hilera sobre la arena negra de la playa más negra que había visto.
Pajaros muertos y negros. Pegajosos. Otro agonizando, sin poder plegar sus alas negras.
¿Y dónde están los expertos que la Enap dijo que contrataría para paliar un poco el asunto en terreno?... no estan. Sólo un grupo de mirones vemos morir al pajarito y revolcarse unos sobre otros a los lobos. Tiene que haber sido la hora de almuerzo de los expertos. Uno nunca sabe con lo que le puede salir el departamento de comunicaciones de turno.
La versión oficial es un concepto tan subjetivo que ni deberían molestarse en darla. Como cuando el gerente de Enap se toma el tiempo de recivir a la tele para desmentir cualquier responsabilidad hasta que los informes (que ellos mismos estan realizando) comprueben lo contrario. Por favor... son la UNICA empresa que mueve crudo en todo ese sector. Las cañerías pifiadas son de ellos. Qué ofendida me siento con ese tipo de seclaraciones baratas. Me cuesta creer que eso fuera lo mejor que se les ocurrió a las personas que no mencionaré para no arriezgar demanda.
Cuando la "mancha" termine de instalarse en la caleta Lenga (donde ya llegó), no sólo las especies varias y los pescadores que viven de ellas van a quedar fregados en pegatina barrosa, pastosa y maloliente, sino que, ahora que me acuerdo, la universidad donde estudié también podría recivir un coletazo, porque es en esa caleta donde la gente de biología marina tiene sus experimentos instalados y hasta una embarcación.
No es que me importe un maní el patrimonio de la universidad, ni la universidad misma, la verdad, pero sí el trabajo de los estudiantes de esa carrera que me tocó entrevistar cuando reporteaba para el boletín institucional. Esa impotencia debe ser como cuando se me borra un capítulo entero de algo que he estado escribiendo, y eso no se lo doy a nadie.
A nadie.
... excepto, tal vez, a los responsables de la filtración del crudo.
Bastardos flojos.
El asunto es que la Enap (Empresa Nacional del Petróleo), por una negligencia de los mil demonios, permitió que se filtraran 350 MIL litros de crudo en la bahía de san vicente.
Terrible.
En las noticias escuché que habían dos colonias completas de lobos marinos, más varias aves y todo lo que sea vida submarina, en peligro por el derrame, y varios animales ya han muerto por esta causa, ya sea por ingesta de la sustancia o bien, porque esta se les pega en la piel y mueren lentamente por la falta de permeabilidad.
Lo otro es, claro, que si no hay animalitos marinos, no solamente se enojan los ambientalistas y eas perdonas de pelo largo y morrales... nones. También estamos hablando de la fuente laboral de miles de personas, siendo talcachuano una ciudad portuaria. En este sentido, los pescadores artesanales son los más afectados, evidentemente.
No quiero entrar en detalles más que conocidos no solo por este caso, sino por la información que desde siempre nos han bombardeado las organizaciones ecológicas en panfletos, comerciales, revistas, etc., y que nos parecen incluso algo exageradas.
Bueno, para eso fui a la Caleta Infiernillo, en San Vicente, y me encontré con todo lo que no esperaba ver, es decir, exáctamente lo mismo que había visto en la tele.
Qué rabia me da pensar que yo estuve hasta hace un mes trabajando en esa empresa, precisamente como periodista. Por suerte que me tuve que ir antes de todo esto, porque habría sido realmente nauseabundo ser testigo de los desesperados intentos del departamento de comunicaciones por sacar de la parrilla programática la noticia, de tapar como fuera la verdadera magnitud del desastre. Porque en empresas como Enap Refinerías, que nunca tienen directamente la culpa y donde todo se puede solucionar donando unos pocos computadores a una escuelita, el trabajo del periodista se riñe más que nunca con un pequeño y molesto asuntillo: la ética.
Lamentablemente, ese es un detalle del cual yo adolesco.
Ahora, hay que tener en cuenta que lo que se ha calificado como el mayor descalabro ecológico en la historia de la región no pasará nunca a ser tema central de un noticiero, ni seguirá por mucho tiempo en los medios, por una doble razón: el trabajo comunicacional de la Enap, por un lado, y, por el otro, el hecho para nada menor de que la Empresa Nacional del Petróleo es, como delata su nombre, propiedad del estado.
Y si hay una entidad más habituada, y por lo tanto, experta en cubrir y "omitir" que la Enap, es el ESTADO... el Gobierno... El Hombre... el Gran Hermano.
Yo no soy ambientalista. No porque no quiera, sino porque es re complicado ser ecológica en regiones, donde uno separa la basura en tres recipientes distintos, pero el basurero las hecha todas juntas al camión. Sin embargo, pude sentir como mis ojos de completo civil (sin morral ni pelo largo) se desorbitaban ante la escena de decenas de lobos marinos negros, varados y apretujados en el pedazo de arena que les limpiaron especialmente. Ahí estaban, cercados improvisadamente con un cordón de boyas negras (otrora amarillas), para que no se les fuera a ocurrir volver a meterse en el agua negra, donde toda su comida ahora esta muerta y negra, como los botes que sacaron del mar para estacionarlos en una deprimente hilera sobre la arena negra de la playa más negra que había visto.
Pajaros muertos y negros. Pegajosos. Otro agonizando, sin poder plegar sus alas negras.
¿Y dónde están los expertos que la Enap dijo que contrataría para paliar un poco el asunto en terreno?... no estan. Sólo un grupo de mirones vemos morir al pajarito y revolcarse unos sobre otros a los lobos. Tiene que haber sido la hora de almuerzo de los expertos. Uno nunca sabe con lo que le puede salir el departamento de comunicaciones de turno.
La versión oficial es un concepto tan subjetivo que ni deberían molestarse en darla. Como cuando el gerente de Enap se toma el tiempo de recivir a la tele para desmentir cualquier responsabilidad hasta que los informes (que ellos mismos estan realizando) comprueben lo contrario. Por favor... son la UNICA empresa que mueve crudo en todo ese sector. Las cañerías pifiadas son de ellos. Qué ofendida me siento con ese tipo de seclaraciones baratas. Me cuesta creer que eso fuera lo mejor que se les ocurrió a las personas que no mencionaré para no arriezgar demanda.
Cuando la "mancha" termine de instalarse en la caleta Lenga (donde ya llegó), no sólo las especies varias y los pescadores que viven de ellas van a quedar fregados en pegatina barrosa, pastosa y maloliente, sino que, ahora que me acuerdo, la universidad donde estudié también podría recivir un coletazo, porque es en esa caleta donde la gente de biología marina tiene sus experimentos instalados y hasta una embarcación.
No es que me importe un maní el patrimonio de la universidad, ni la universidad misma, la verdad, pero sí el trabajo de los estudiantes de esa carrera que me tocó entrevistar cuando reporteaba para el boletín institucional. Esa impotencia debe ser como cuando se me borra un capítulo entero de algo que he estado escribiendo, y eso no se lo doy a nadie.
A nadie.
... excepto, tal vez, a los responsables de la filtración del crudo.
Bastardos flojos.
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