La señorita del medio
Me acabo de enterar de que a saddam hussein lo van a ahorcar.
No me sorprendí, la verdad es que todo el asunto me sonó más como a una peli de george clooney y mark wahlberg salvando el día en los desiertos mediorientales, que a un hecho real del acontecer internacional (aunque la peli ya debe estar en pre producción en algún estudio gringo, de eso estoy segura).
Pero fuera de todo el morbo o las reminicencias cinematográficas del asunto, me pregunté ¿todavía ahorcan gente?!
Increíble.
Querámoslo o no, por estos lados estamos acostumbrados al modelo yanqui de muerte por sentencia: ese modelo mamón que nos quieren vender, de "dignidad indolora", tantas veces ensalsado por los libros y el cine, a través del uso de unos aparatos que no por ser más sofisticados que la gillotina dejan de ser maquiavélicos. Por eso me choca saber que lo más problable es que tomen al tipo y lo dejen colgando de una cuerda en la plaza, para que el mundo se entere de que la justicia se cumple en el nuevo Irak.
Se dice que él pidio ser fusilado, pero bien podrían someterlo a dos meses de dieta exclusivamente McDonalds y el resultado habría sido exáctamente el mismo, pero más "sutil".
Mi referencia más cercana a este tipo de barbaries políticas es la imagen del líder de sendero luminoso siendo exhibido por fujimori en una jaula de vidrio, vestido con un traje rayado de recluso de historietas, lo cual fue muy llamativo, ya que en esta larga y angosta faja de tierra no solemmos tener ese tipo de espectaculos mediáticos gratuitos de pésimo gusto.
Sin embargo, en otras partes de este mismo planeta, mostrar a un criminal moribundo y someterlo a los flashes de este lado del mundo es de lo más común. Cortarle las manos a un ladrón en la vía pública es una práctica aún vigente. Matar a las recién nacidas por el solo hecho de no ser recién nacidos es un acto validado por la tradición.
En ese otro mundo, las personas no se espantan por nada de esto. Somos nosotros los debiluchos.
Es gracioso porque acá, en latinoamérica, hay un montón de líos de droga, prostitución, contrabando de personas, masacres políticas, pobreza y corrupción. Pero lo hacemos a escondidas. Lo hacemos como los gringos matan a sus condenados, no en la vía pública, no en presencia de los niños que estan detrás del televisor.
Después de todo, algo de decoro nos queda. Y digo que queda, porque estamos en el medio, no somos ni los de allá ni los de acá. Nuestros policías no comen donas, pero tampoco andan armados con metralletas en las ferias. Acá no habrá ya detención por sospecha, pero tampoco hay justicia, al menos no de la cotidiana.
Latinoamérica es una región que toma de ambos mundos lo que puede, pero que no crea nada. Estamos judicialmente trasplantados. No somos blandos, pero no somos duros. Nos gusta bailar y olvidarnos, como en miami (bueno, aca en Chile no baila nadie, pero es el mismo principio). Somos los asombrados.
A mi abuela le escuché repetir un verso bastante gracioso, perturbantemente gracioso, que dice: "tres señoritas, tres corazones, la que va al medio va sin calzones".
Aunque en mi tierna infancia esto no tenía ningún sentido, y probablemente tampoco lo tenga ahora, comienzo a sospechar que es una especie de mensaje cifrado para entener la inoperancia perpetua de latinoamérica en el escenario mundial.
En otro tiempo, no muy lejano, esto habría sido motivo de interminables y ácidos debates con los intelectualoides que tuviera a mi alcance. Sin embargo, de cierta forma me he reconciliado con la tierra que me vio nacer. Si, ahora abrazo la zona 4 como mi humilde morada en el planeta. En la zona 4 no llegarán las mejores películas en estreno simultaneo con el resto del globo, pero al menos llegan.
Al menos todavía nos espantamos de ver que alguien pide ser fusilado en vez de ahorcado, como quien pide pan con manjar en lugar de mantequilla.
Al menos nos asombramos, con inocencia pueril, mientras unos arman sendos escandalos moralistas y otros ni se inmutan.
Yo estoy feliz de saber que cuando salga de mi casa no me voy a encontrar con un cadáver en mi patio. O que cuando tome la micro (a falta de metro), esta no tendrá una bomba. O, al menos, si algo de esto pasara, saldría en todas las noticias como el acontecimiento más macabro de la semana, del mes incluso.
Ojalá que ni oriente ni occidente descubran nunca el verdadero precio de latinoamérica. Y ojalá que tampoco nosotros lo hagamos, porque la tentación de cerrar el trato sería demasiado grande.
No me sorprendí, la verdad es que todo el asunto me sonó más como a una peli de george clooney y mark wahlberg salvando el día en los desiertos mediorientales, que a un hecho real del acontecer internacional (aunque la peli ya debe estar en pre producción en algún estudio gringo, de eso estoy segura).
Pero fuera de todo el morbo o las reminicencias cinematográficas del asunto, me pregunté ¿todavía ahorcan gente?!
Increíble.
Querámoslo o no, por estos lados estamos acostumbrados al modelo yanqui de muerte por sentencia: ese modelo mamón que nos quieren vender, de "dignidad indolora", tantas veces ensalsado por los libros y el cine, a través del uso de unos aparatos que no por ser más sofisticados que la gillotina dejan de ser maquiavélicos. Por eso me choca saber que lo más problable es que tomen al tipo y lo dejen colgando de una cuerda en la plaza, para que el mundo se entere de que la justicia se cumple en el nuevo Irak.
Se dice que él pidio ser fusilado, pero bien podrían someterlo a dos meses de dieta exclusivamente McDonalds y el resultado habría sido exáctamente el mismo, pero más "sutil".
Mi referencia más cercana a este tipo de barbaries políticas es la imagen del líder de sendero luminoso siendo exhibido por fujimori en una jaula de vidrio, vestido con un traje rayado de recluso de historietas, lo cual fue muy llamativo, ya que en esta larga y angosta faja de tierra no solemmos tener ese tipo de espectaculos mediáticos gratuitos de pésimo gusto.
Sin embargo, en otras partes de este mismo planeta, mostrar a un criminal moribundo y someterlo a los flashes de este lado del mundo es de lo más común. Cortarle las manos a un ladrón en la vía pública es una práctica aún vigente. Matar a las recién nacidas por el solo hecho de no ser recién nacidos es un acto validado por la tradición.
En ese otro mundo, las personas no se espantan por nada de esto. Somos nosotros los debiluchos.
Es gracioso porque acá, en latinoamérica, hay un montón de líos de droga, prostitución, contrabando de personas, masacres políticas, pobreza y corrupción. Pero lo hacemos a escondidas. Lo hacemos como los gringos matan a sus condenados, no en la vía pública, no en presencia de los niños que estan detrás del televisor.
Después de todo, algo de decoro nos queda. Y digo que queda, porque estamos en el medio, no somos ni los de allá ni los de acá. Nuestros policías no comen donas, pero tampoco andan armados con metralletas en las ferias. Acá no habrá ya detención por sospecha, pero tampoco hay justicia, al menos no de la cotidiana.
Latinoamérica es una región que toma de ambos mundos lo que puede, pero que no crea nada. Estamos judicialmente trasplantados. No somos blandos, pero no somos duros. Nos gusta bailar y olvidarnos, como en miami (bueno, aca en Chile no baila nadie, pero es el mismo principio). Somos los asombrados.
A mi abuela le escuché repetir un verso bastante gracioso, perturbantemente gracioso, que dice: "tres señoritas, tres corazones, la que va al medio va sin calzones".
Aunque en mi tierna infancia esto no tenía ningún sentido, y probablemente tampoco lo tenga ahora, comienzo a sospechar que es una especie de mensaje cifrado para entener la inoperancia perpetua de latinoamérica en el escenario mundial.
En otro tiempo, no muy lejano, esto habría sido motivo de interminables y ácidos debates con los intelectualoides que tuviera a mi alcance. Sin embargo, de cierta forma me he reconciliado con la tierra que me vio nacer. Si, ahora abrazo la zona 4 como mi humilde morada en el planeta. En la zona 4 no llegarán las mejores películas en estreno simultaneo con el resto del globo, pero al menos llegan.
Al menos todavía nos espantamos de ver que alguien pide ser fusilado en vez de ahorcado, como quien pide pan con manjar en lugar de mantequilla.
Al menos nos asombramos, con inocencia pueril, mientras unos arman sendos escandalos moralistas y otros ni se inmutan.
Yo estoy feliz de saber que cuando salga de mi casa no me voy a encontrar con un cadáver en mi patio. O que cuando tome la micro (a falta de metro), esta no tendrá una bomba. O, al menos, si algo de esto pasara, saldría en todas las noticias como el acontecimiento más macabro de la semana, del mes incluso.
Ojalá que ni oriente ni occidente descubran nunca el verdadero precio de latinoamérica. Y ojalá que tampoco nosotros lo hagamos, porque la tentación de cerrar el trato sería demasiado grande.
Comments
horrible
bueno, independiente de todo debate valórico, creo que sí hay gente que debería ser colgada... pero me ahorraré unos cuantos nombres...
saludos, amigable componedora