La madre de todas las ciencias
Hace tiempo escribí una lista de cosas potencialmente lucrativas a las cuales dedicar los días de semana, de 9 a 5. Hoy la encontré en un viejo cuaderno, pero ninguna de las sugerencias me convenció. Es difícil comprometerse. Me es muy complicado a mí también. Siempre ha sido así, en todo. Antes de que las cosas empiecen, ya estoy adelantando la forma de terminarlas de la mejor forma posible. Los "largos plazos" me aterran, y tengo el terrible reflejo inconciente de despegarme por completo de los ambientes de los que me he autosacado por temor a quedarme pegada en ellos. No porque sean malos, sino por temor a que sean eternos. Es como si tratara de preservar mi independencia de todo y de todos, aunque no se por qué motivo. Pero, paradógicamente, al alejarme al menor indicio de trascendencia, me estoy apartando también del uso de mi libertad, que tanto busco mantener intacta. Paradojas de la Ociosidad.