Un año por hora

Siempre que es mi cumpleaños, me dan ganas de arrancar.
Este año, es decir mañana, mis papás me sugirieron ir a Los Angeles a celebrar con mis tíos, a hacer un gran asado (y no se qué más se podrá hacer allá todo un fin de semana).
Pero no me atren mucho los asados y, además, ya tengo planes. En cuanto despierte, saldré por la ventana, y volveré 24 horas después.
Es que me desespera estar de cumpleaños. Me sobrepasa. Me desconcierta y me incomoda toda la atención que te dan, todos los cánticos y rituales asociados.
Está bien que las personas que estimo me saluden... pero... ¿todos en un mismo día?
Es mucho para mi. En general, me da un leve cuadro de depresión el 8 de diciembre, mientras que los días anteriores y posteriores suelen ser mucho más divertidos y relajados (especialmente los posteriores, en que me junto con mis amiguis y celebramos sin cantar "cumpleaños feliz").

Me gustaría que me invitaran al cine en mi cumple. Un año fue así, pero no resultó, y tampoco fue el día de mi cumple, sino como una semana atrasado.
Otra cosa que me gustaría hacer es ir a un lugar con mucha gente, pero que ninguno supiera que es mi cumpleaños. Sería como un cumpleaños secreto, o algo así.
Una tercera cosa que me gustaría hacer es ir a un lugar totalmente retirado y comer torta usando únicamente un tenedor, sin platos ni servilletas ni nada. Nada de rebanaditas políticamente correctas.

De cualquier forma, no puedo ser tan fome como para reconocer que mi propio cumpleaños no me gusta. Yo creo que lo que no me gusta es hablar por teléfono. Y nunca hablo tanto por teléfono como seguramente lo haré mañana.
No puedo esperar a pasado mañana, cuando despierte tarde y desayune un desarmado pedazo de torta, mientras veo un capítulo viejo (muy viejo) de friends.

Comments

Popular posts from this blog

Infantilización.

Veinte veinte el año inexistente

La señorita del medio