Le odio porque le amo


Lo comparo a una relación de esas enfermizas, en que no te puedes separar de la otra persona, aunque sabes muy bien que no te hace muchos favores a ti el seguir juntos. El seguir involucrados. El seguir mezclados.

Pero acá no es una persona la que me absorbe la fuerza vital y a la que sigo volviendo a pesar de todo. Acá es otro tipo de "algo" lo que me tiene con uno de los niveles de frustración más altos y, lo peor, más prolongados de la vida. Ese "otro algo" es una actividad. Una cita semanal con una Instancia en la que participo desde hace casi 2 años, y que tiene que ver con un Asunto que desde siempre ha estado muy muy cerca de mi corazón y mis intereses.

(Disculpas por lo críptico).

He participado, trabajando gratis, en esta Instancia desde el año antepasado, esforzándome para que resulte ser una buena instancia, una instancia con contenido, una instancia provechosa para la comunidad. Además de mi interés personal en el Asunto del que trata la Instancia, todo mi yo más altruista se ha volcado en hacer de esta instancia no solo una de exposición de mis propias ideas (porque es una instancia con alcance público), sino también de vehículo para la información y visualización de las ideas y trabajos de otros relacionados con el tema, con ese "asunto" de mis máximos amores.
Y me dedico, y me esfuerzo, investigo, uso mi cerebro, hasta uso mis recursos de lavado mental periodístico para generar y armar contenido interesante para la Instancia!... todo en pos de hacer de esa instancia una instancia útil. Incluso, una instancia bienintencionada y buena de bondad.

Pero es tan progresiva y pastosamente difícil seguir. Semana tras semana, pero aún más los últimos meses, seguir el ciclo de: reclamar para mis adentros, ver las condiciones paupérrimas (considerando el medio que la aloja) en las que la Instancia debe desarrollarse, ver que a pesar del tiempo transcurrido nada ha mejorado, aburrirse, enojarse, luego valorarse un poquito, querer renunciar por último para conservar el honor... enojarse un poco más, ahora al punto de la RENUNCIA INMINENTE!
... Luego volver la otra semana a un nuevo capítulo de la Instancia, con una sonrisa (ensayada), pensando "si no tuviera esta Instancia, qué otra instancia me queda para hacer lo que quiero hacer por el Asunto, y decir lo que necesito decir sobre el Asunto?".

Necesitar es la clave. Como en una relación enfermiza, siento que necesito volver cada vez. Siento que no voy a poder tener algo mejor. Llego a convencerme de que es normal que sea así, que para nadie en mi posición es mejor, que todos estamos igual, entregando tiempo y neuronas, literalmente, por amor al arte. Que así es y ha sido en todas partes.
Qué verguenza verme en esos patrones de pensamiento.
Qué lección de humanidad y humildad me ha mostrado la experiencia de la Instancia. Me ha mostrado que, después de todo, soy humana y humilde. Qué lata. Afrontar y aceptar tu propia susceptibilidad al abuso es deprimente.

Nadie está libre de una relación enfermiza. Ni estando soltera se está libre. Ahora me queda claro.
Una relación enfermiza es un patrón circular de pensamientos, que te llevan a perpetuar una dinámica que concientemente sabes que no es buena para ti, pero... por que se siente tan necesaria? Por qué se aferra uno tan estúpidamente y a pesar del raciocinio?

Por qué le amo, a pesar de que le odio? Y a la vez le odio... porque de todas formas le amo?

Pues porque, entre todo lo que ha logrado en metas blandas, la Instancia ha sacado lo mejor de mi en un sentido en que no pensé que podría rendir. Me ha hecho ver que soy capaz de hacer cosas a las que había renunciado de antemano porque parecían muy fuera de alcance, muy difíciles o muy ajenas.
La Instancia es exigente en la medida de la excelencia auto impuesta. Y yo, que soy muy auto exigente, he sido capaz de sorprenderme a mi misma sacando adelante la Instancia prácticamente sola, y prácticamente bien.
Hoy, la Instancia es, franca y desvergonzadamente lo digo, todo lo buena que puede ser con los recursos que tiene para funcionar.
Y, franca y desvergonzadamente lo digo, el mayor recurso que tiene la instancia hoy soy yo.
Yo hago que la instancia suceda como sucede.
Sin mi, la Instancia es un montón de cables y aparatos sin intención, ni ideas.
Soy como el software para ese hardware.

Pero yo soy solo una persona, una unidad de persona, con compromiso por la causa, si (y parece que también poca autoestima), pero en medio de un montón de otras personas que podrían hacer lo mismo que hago yo si quisieran. Y a pesar de eso, de esa certeza de que si no estoy yo, la Instancia seguiría de una forma u otra (quiero creer que de mala forma), simplemente no logro reunir el valor de renunciar a la Instancia. No puedo liberarme de ella, no puedo dejarla ir. Porque... qué va a ser de la pobre Instancia sin mi? Y qué voy a hacer yo sin la Instancia en mi vida? Dónde voy a volcar esa necesidad que siempre he tenido hacia el Asunto?

La instancia me tiene atrapada y, lo que es más terrible, sabe que yo se que estoy atrapada. Y que no hago nada al respecto.
Me siento un poco imbécil. La gente a veces me lo dice incluso. "Cómo no te pagan por eso?!"
Pues ni me pagan, ni me reconocen de otra forma el trabajo, ni mejoran las instalaciones de la Instancia, ni le ayudan a surgir comercialmente, ni le dan valor a su contenido.
A la Institución (el medio) en que se desarrolla la Instancia, parece que no le puede interesar menos la Instancia. Es una instancia más. Incluso, una que parece que no llegan a entender mucho. Pero tampoco importa si la entienden o no. Para ellos es algo que funciona, que sirve, que está ahí incondicionalmente, muchas veces invisiblemente, y que, más encima, es de bajo (o nulo) mantenimiento. La Instancia, la mía, para ellos es algo que está en la bolsa. Algo que, quizás, no se equivocan en dar por hecho como por magia. Porque tal vez ya les dejé bien claro que si hubiera podido renunciar, si estuviera en mi el valor para hacerlo, ya no estaría ahí desde hace rato en el apostolado sin fin que es la Instancia.

Esto es pura realización y necesidad personal para mi. No me aporta nada más. Ya ni siquiera se molestan en ilusionarme con nada más, como al principio. Es lo que es, es lo que siempre ha sido, es lo que siempre va a ser. No hay voluntad para más. Esa... es la realidad más real. Es la realidad de la que trato de olvidarme constantemente para no tener que enfrentarme a la pica que me da el hecho de que soy una profesional, con experiencia en Instancias, bien evaluada y capaz... entregándome a este injusto y seductor voluntariado eterno.

Y no quiero ser de esas personas lloronas que dicen "me merezco algo mejor que esto. Ay de mi, qué impotencia". Pero, por la cresta, me merezco algo mejor que esto.

(Ay de mi. Qué impotencia)

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