Lanzar piedras hacia el futuro

Pienso en el tiempo como algo que está pasando, pero que a la vez ya pasó. Creo que uno puede estar en varios momentos a la vez, en varios tiempos a la vez. Hacia el pasado es fácil, porque no acordamos del pasado. Obviamente no nos acordamos de "el pasado", sino de cómo registramos el pasado, de forma muy personal, dispersa, emocional y subjetiva. Nos acordamos de "nosotros en el pasado". Y está bien.

Hacia el futuro es más complejo, porque no tenemos recuerdos del futuro. Pero no por eso no vamos a poder estar en el futuro. Digamos, uno va con su conciencia hacia donde quiere, y ese lugar se genera automáticamente. Cuando vamos hacia atrás, se genera el pasado, y cuando vamos hacia adelante, se genera el futuro. El futuro es un concepto, como el presente o el pasado.

Entonces, cuando voy al futuro, puedo entender el presente porque lo veo desde otro punto de vista. Es como eso de que los árboles no dejan ver el bosque. Hay que salir de entre los árboles para poder ver dónde estamos. Estamos en el bosque. Ok.

Ir al futuro funciona de la misma manera. Te sales del presente y, por tanto, puedes ver el presente. Lo entiendes, porque está en contexto. Si estás nadando en el océano, no ves el océano, porque estás metido en el medio. Tienes que ir a sentarte en la playa para ver el océano. Trasladarte a un lugar de perspectiva para entender donde estás.

Cuando me traslado al futuro conceptual, siento que de alguna forma genero futuro real también. En algunas cosas, me aporta información relevante sobre mi y sobre mi vida, que me determina o reafirma determinaciones. No digo que el futuro está escrito, sino que, efectivamente, el futuro se escribe, se puede planificar, se puede proyectar.

Proyectar es el concepto clave. Uno lanza una piedra y esa piedra va hacia un lugar. No cualquier lugar, sino hacia el lugar donde es lanzada. Vuela en la dirección en la que es lanzada y, a menos que algo extraño pase, llega donde debería llegar.

Ir al futuro es lanzar una piedra imaginaria en cierta dirección. Luego podemos seguir esa trayectoria, o bien, no lanzar nunca la piedra. Y mientras vemos volar la piedra imaginaria, vamos entendiendo dónde estamos. A medida que se aleja de nosotros, vamos mapeando el bosque en el que estamos metidos. 

Siempre me pregunto por el bosque en el que estoy metida. Especialmente cuando está complicada la cosa. Pienso "estoy en el bosque", y trato de lanzar la piedra muy lejos, lejos, lejos, hasta que caiga fuera del bosque. Trato de escucharla caer fuera del bosque. Y entonces se que el bosque tiene fin, que si sigo avanzando el bosque se termina. Si sigo avanzando en la dirección en que lancé la piedra, saldré del bosque. 

Eso es ir al futuro para mi. Entender el fin de las cosas. Trasladarme a ese final, a ese estado posterior. Ver el fin de las cosas ayuda a comprender la cosas. Verlas de verdad. Ver lo que está pasando como en un documental, como en un libro de historia, como en un diario de vida viejo.

A veces es motivo de tranquilidad. Otras, de angustia. Otras, de nada. Pero es bueno saber que las cosas se terminan, independiente de si nos gusta o no. 

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