Bestias de cuatro patas... bestias de dos patas.

Estaba con mi gata en el patio, ya saben, pasando tiempo de calidad. Cuando pasa el vecino y al vernos empieza a contarme de sus dos gatos (nuevos, porque el primer par fue asesinado a postonazos por un tercer vecino) y un perro que tiene. Y cómo su perro tuvo una enfermedad y tuvo que operarlo. De cómo le dolió el bolsillo hacerlo, tanto que llegó a agarrarse la cabeza cuando se acordó. También contó de la esterilización de sus dos gatos y que todos estaban bien y contentos ahora.
De esa conversación trivial yo me quedé con la imagen del pobre caballero tomándose la cabeza al recordar la cuenta del veterinario. Porque, claro, tiene que haberle dolido el bolsillo, yo lo se, pero lo bueno es que lo hizo. Lo hizo igual.

Cuando adopté a mi gata también se me vino encima una maratón de visitas a veterinarios con sus respectivas cuentas y recetas. Eso pasa cuando adoptas un gato enfermo. Pero... lo hice igual. Cuando me vi acogotada en la caja chica, aproveché de hacer un orden en la biblioteca de la casa y terminé vendiendo tres libros viejos, del colegio, que se convirtieron luego en remedios para mi gata.
Mi gata está bien desde hace tiempo. y afortunadamente todo ese peregrinaje quedó en el pasado. Y cuando recuerdo todos los líos que involucró, no puedo dejar de pensar que lo haría todo de nuevo. Lo haría todo de nuevo e incluso peor.
Y no creo que los que estamos dispuestos a esos apuros por nuestras mascotas tengamos algún mérito especial ni nada por el estilo. Se con total seguridad que esto no es más que la forma más razonable de actuar. La forma responsable, la forma mínima. La única forma que hay.

Todos los días puede uno esterarse de que perros y gatos han sido abandonados o maltratados por sus dueños. Acá mismo, en mi casa, hemos tenido dos inquilinos temporales por esa misma causa: un perro cocker que estaba herido sin que nadie lo reclamara, y un gatito de no más de un mes que alguien vino a tirar, literalmente, en la plaza frente a mi casa, y que no paró de maullar en toda la noche, el pobre.
Ambas historias tuvieron buenos desenlaces, gracias a la colaboración de buenas personas, pero cuantos más hay allá afuera en este mismo momento, preguntándose qué pasó, cómo llegaron ahí, dónde están sus dueños??
No quiero ni pensarlo.

Y uno, en su infinita ingenuidad, supone que la gente que uno tiene cerca y quiere nunca sería de esos bellacos que abandonan animales a su suerte, cierto?, pero uno nunca deja de sorprenderse. Por ejemplo, una amiga del colegio, muy cercana, cuenta un día -de lo más normal- que en su casa también acogieron un gatito una vez, pero al parecer resultó más revoltoso de lo que esperaban, porque se subía a las camas e incluso una vez trató de pararse en la cabeza de su mamá, o algo así (queda claro que ella nunca había visto jugar a un gato). Así que, palabras textuales, su papá no tuvo más remedio que meterlo en el auto e ir a "soltarlo" en un sitio solo, bien lejos de la casa (obvio, si fuera cerca, como indica el sentido común, el pobre habría intentado volver). Y no lo vieron más.
Yo fui una dama al no saltarle encima en mitad de su "anécdota". De hecho, empleé toda mi fuerza de voluntad para no arruinar casi 23 años de amistad en ese mismo momento. Pero es que, cómo... CÓMO puede ser que gente que uno considera decente se porte así?

Y no lo digo solo en defensa de los animales, nones. Lo digo en defensa de la raza humana, señores!
Si somos capases de actitudes tan malignas, tan egoístas e infames con los animales... qué queda para los demás humanos con los que convivimos? Con razón terminamos tratándonos unos a otros peor que bestias en la vida cotidiana. Si no podemos mostrar gentileza por las razas de animales que culturalmente consideramos "inferiores", qué queda, por el cosmos, para el trato entre nosotros mismos?
No lo se.

Es un signo mínimo de bondad el tratar bien a todos los seres, animales de todas clases incluidos (humanos incluidos). Respetar todo lo existente por si mismo es pre requisito para calificarse de "persona" (si se quiere). En serio, es de lo más fundamental entre lo fundamental en la escala valórica universal.
Si las gentes a mi alrededor no tienen eso, entonces, de verdad, no me interesan. Ya me harté de evangelizar a las bestias.

Compasión.
Nadie les pide más que compasión.

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