Tener mascotas es terapéutico.
Mi hermana es una nerd. Pero del tipo de nerd que va al gimnasio, no como yo.
Eso no le quita lo nerd, en todo caso.
Bueno, ella tiene una clase en la U sobre expresión oral, un poco para desempolvar la oratoria de los -a su altura- casi ingenieros comerciales, supongo yo, que entre tantos números ya se les van olvidando las letras, y el poder de lo que puedes lograr si las conjugas bien.
Me da la razón el hecho de que me cuenta que esa clase puede llegar a ser una de las más temidas por el alumnado. Es como algo "raro", como desencajado dentro de la carrera. Pero es algo tan básico, que mi hermana, por ejemplo, que simplemente es genéticamente incapaz de relajarse, de "dejarse llevar", se ve tentada a hacerse una pauta escrita para poder "improvisar" un discursillo de minuto y medio sobre un tema a elección. Yo, que crecí con el "no tiene que ser perfecto" de Artemanía (aunque solo de grande pude entenderlo), trato de convencerla de que una vez que tiene el tema elegido, sólo le queda hacerse las ganas y dejar que fluya. Así, que fluya. Con confianza.
No se lo diría si no supiera que es perfectamente capaz de hacerlo de este modo. Si no, la ayudaría a hacer sus pautas.
Pero ella, por el contrario, se tomó una semana para elegir el "tema correcto". El problema es que el profesor, seguramente que para hacerla mejor, les dijo que ojalá fuera un tema que dominaran bien. Parece obvio que si dice eso es porque con el tema previamente en la bolsa, lo único que les resta a los alumnos es ponerse a hablar y hacerlo lo más de corrido y coherente posible, cierto?
Pues para mi hermana eso fue como apretarle más la soga al cuello. Ahora tenía que encontrar EL TEMA en el que fuera una máster absoluta.
De nuevo, mi "no tiene que ser perfecto" retumbaba como eco dentro de su atareada cabecita.
Por supuesto que con esa premisa ningún tema era el apropiado. A menos, claro, que se pusiera a hablar sobre sí misma -que se le llegó a ocurrir en un momento-, lo cual no sólo sería aburrido para la clase, sino que pavorosamente autorreferente.
Descartado.
Entonces, un día, se le ocurrió que desarrollaría la siguiente premisa: "tener mascotas es terapéutico".
Desde que tenemos a mi gata, nos hemos valido de ella para salvar varias situaciones, y parece lógico que mi hermana sacara esa cartita una vez más. O tal vez realmente ha sentido el efecto terapéutico del amor felino.
Como fuese, en un rato ya tenía su pauta de introducción, sub temas y conclusiones lista. Solo le quedaba ensayar -el mejor método para ser espontáneo sin morir en el intento, claro- y, por supuesto, mostrarle sus ideas a su hermana mayor -o sea, yo-.
Como era de esperarse, su pauta estaba a la altura de todo lo que se puede esperar de una pauta eficiente y concisa (no me la habría mostrado antes de eso). Ninguna novedad ahí. Excepto porque un punto me llamó la atención, aunque cualitativamente, claro, que en esa etapa de perfección pautística es el único plano en el que podría uno agregar algo.
Había un punto sobre "hablar con las mascotas" y cómo eso era terapéutico para su amo.
Yo había escuchado a mi hermana hablar con la gata, pero sólo cosas normales, comentarios sobre lo linda que es, si tiene hambre, si quiere jugar, etc. Pero por lo que entendí de su explicación, parece que también le conversa sobre temas normales. De hecho, no sería raro, porque yo he escuchado de mucha gente que habla con sus gatos regularmente, les cuentan sus problemas y cosas así.
Debe ser que los gatos son atentos por naturaleza, son reposados, contemplativos, y no tienen miedo a mirarte a los ojos por largo rato, fijamente, como tratando de entenderte, o de hacerte entender algo que para ellos es ridículamente evidente. Uno podría creer eso.
Entonces, mi hermana me comenta que sería fantástico que la gata pudiera hablarnos. O que nosotros pudiéramos entenderla. Así, con lenguajes distintos, con todo distinto, a pesar de lo "terapéutico", la conversación se vuelve un poco frustrante, comentamos. Y yo de verdad la veo hasta un poco compungida al ahondar en el tema. Es que mi hermana está loca de amor por esa gata (no la puedo culpar).
Ojalá se pudiera hacer algo para acortar las distancias, como un decodificador interespecies. No debe ser un pensamiento tan descabellado, porque me acuerdo de que en Japón, años atrás, lanzaron un "traductor" felino. Tal cual, me acuerdo de haber visto la noticia en la televisión, aunque más en tono de comedia que de noticia. Era un aparatito que distinguía entre decenas de tipos de maullido para indicar al dueño del gato qué era lo que su mascota quería decir.
Se tienen que haber vendido como pan caliente. Aunque personalmente me habría mostrado más que escéptica respecto de su efectividad. Lo más lógico en este tema es la resignación. Probablemente, mi hermana nunca pueda "hablar" terapéuticamente con mi gata. Y el conocimiento de ese hecho puede llegar a ser aplastante para ciertos caracteres. Yo, por ejemplo, lo encuentro aplastante.
Pero no terrible.
Esto, porque de pronto, así, como un chispazo antes de dormir, me acordé de algo fundamental. Pero tan fundamental... como que los ingenieros comerciales tienen que acordarse de cómo es hablar de corrido.
Y cómo lo haces con Dios? Para hablar, me refiero.
Yo ya no practico mucho, pero me recuerdo perfectamente de la necesidad que te inculcan de "orar" a Dios. Y la explicación de "orar" que te dan es esta: es una conversación con Dios. O una conversación íntima, personal, con Dios.
En la práctica, una conversación que finalmente tiene un efecto "terapéutico" en ti. Que te ayuda, que te resuelve cosas. Que alimenta tu fe.
Pero, claro, omiten la parte en que Dios no te responde nada nunca.
Y, aún así, esa "conversación" no pierde sus propiedades. La gente sigue teniendo fe, sigue "hablando" con Dios, sigue resolviendo sus propios problemas a través de eso.
A veces pienso que si no existiera Dios como figura cultural-social, los psicólogos serían la clase dominante. Sería como en el planeta de los simios, pero los psicólogos serían los simios. ¿Se entiende?
Bien, un día en que me sienta rebelde (porque ya he sido llamada el anticristo de la familia), le diré a mi hermana que no se sienta frustrada ni triste, que hablar con la gata es como hablar con Dios.
Eso no le quita lo nerd, en todo caso.
Bueno, ella tiene una clase en la U sobre expresión oral, un poco para desempolvar la oratoria de los -a su altura- casi ingenieros comerciales, supongo yo, que entre tantos números ya se les van olvidando las letras, y el poder de lo que puedes lograr si las conjugas bien.
Me da la razón el hecho de que me cuenta que esa clase puede llegar a ser una de las más temidas por el alumnado. Es como algo "raro", como desencajado dentro de la carrera. Pero es algo tan básico, que mi hermana, por ejemplo, que simplemente es genéticamente incapaz de relajarse, de "dejarse llevar", se ve tentada a hacerse una pauta escrita para poder "improvisar" un discursillo de minuto y medio sobre un tema a elección. Yo, que crecí con el "no tiene que ser perfecto" de Artemanía (aunque solo de grande pude entenderlo), trato de convencerla de que una vez que tiene el tema elegido, sólo le queda hacerse las ganas y dejar que fluya. Así, que fluya. Con confianza.
No se lo diría si no supiera que es perfectamente capaz de hacerlo de este modo. Si no, la ayudaría a hacer sus pautas.
Pero ella, por el contrario, se tomó una semana para elegir el "tema correcto". El problema es que el profesor, seguramente que para hacerla mejor, les dijo que ojalá fuera un tema que dominaran bien. Parece obvio que si dice eso es porque con el tema previamente en la bolsa, lo único que les resta a los alumnos es ponerse a hablar y hacerlo lo más de corrido y coherente posible, cierto?
Pues para mi hermana eso fue como apretarle más la soga al cuello. Ahora tenía que encontrar EL TEMA en el que fuera una máster absoluta.
De nuevo, mi "no tiene que ser perfecto" retumbaba como eco dentro de su atareada cabecita.
Por supuesto que con esa premisa ningún tema era el apropiado. A menos, claro, que se pusiera a hablar sobre sí misma -que se le llegó a ocurrir en un momento-, lo cual no sólo sería aburrido para la clase, sino que pavorosamente autorreferente.
Descartado.
Entonces, un día, se le ocurrió que desarrollaría la siguiente premisa: "tener mascotas es terapéutico".
Desde que tenemos a mi gata, nos hemos valido de ella para salvar varias situaciones, y parece lógico que mi hermana sacara esa cartita una vez más. O tal vez realmente ha sentido el efecto terapéutico del amor felino.
Como fuese, en un rato ya tenía su pauta de introducción, sub temas y conclusiones lista. Solo le quedaba ensayar -el mejor método para ser espontáneo sin morir en el intento, claro- y, por supuesto, mostrarle sus ideas a su hermana mayor -o sea, yo-.
Como era de esperarse, su pauta estaba a la altura de todo lo que se puede esperar de una pauta eficiente y concisa (no me la habría mostrado antes de eso). Ninguna novedad ahí. Excepto porque un punto me llamó la atención, aunque cualitativamente, claro, que en esa etapa de perfección pautística es el único plano en el que podría uno agregar algo.
Había un punto sobre "hablar con las mascotas" y cómo eso era terapéutico para su amo.
Yo había escuchado a mi hermana hablar con la gata, pero sólo cosas normales, comentarios sobre lo linda que es, si tiene hambre, si quiere jugar, etc. Pero por lo que entendí de su explicación, parece que también le conversa sobre temas normales. De hecho, no sería raro, porque yo he escuchado de mucha gente que habla con sus gatos regularmente, les cuentan sus problemas y cosas así.
Debe ser que los gatos son atentos por naturaleza, son reposados, contemplativos, y no tienen miedo a mirarte a los ojos por largo rato, fijamente, como tratando de entenderte, o de hacerte entender algo que para ellos es ridículamente evidente. Uno podría creer eso.
Entonces, mi hermana me comenta que sería fantástico que la gata pudiera hablarnos. O que nosotros pudiéramos entenderla. Así, con lenguajes distintos, con todo distinto, a pesar de lo "terapéutico", la conversación se vuelve un poco frustrante, comentamos. Y yo de verdad la veo hasta un poco compungida al ahondar en el tema. Es que mi hermana está loca de amor por esa gata (no la puedo culpar).
Ojalá se pudiera hacer algo para acortar las distancias, como un decodificador interespecies. No debe ser un pensamiento tan descabellado, porque me acuerdo de que en Japón, años atrás, lanzaron un "traductor" felino. Tal cual, me acuerdo de haber visto la noticia en la televisión, aunque más en tono de comedia que de noticia. Era un aparatito que distinguía entre decenas de tipos de maullido para indicar al dueño del gato qué era lo que su mascota quería decir.
Se tienen que haber vendido como pan caliente. Aunque personalmente me habría mostrado más que escéptica respecto de su efectividad. Lo más lógico en este tema es la resignación. Probablemente, mi hermana nunca pueda "hablar" terapéuticamente con mi gata. Y el conocimiento de ese hecho puede llegar a ser aplastante para ciertos caracteres. Yo, por ejemplo, lo encuentro aplastante.
Pero no terrible.
Esto, porque de pronto, así, como un chispazo antes de dormir, me acordé de algo fundamental. Pero tan fundamental... como que los ingenieros comerciales tienen que acordarse de cómo es hablar de corrido.
Y cómo lo haces con Dios? Para hablar, me refiero.
Yo ya no practico mucho, pero me recuerdo perfectamente de la necesidad que te inculcan de "orar" a Dios. Y la explicación de "orar" que te dan es esta: es una conversación con Dios. O una conversación íntima, personal, con Dios.
En la práctica, una conversación que finalmente tiene un efecto "terapéutico" en ti. Que te ayuda, que te resuelve cosas. Que alimenta tu fe.
Pero, claro, omiten la parte en que Dios no te responde nada nunca.
Y, aún así, esa "conversación" no pierde sus propiedades. La gente sigue teniendo fe, sigue "hablando" con Dios, sigue resolviendo sus propios problemas a través de eso.
A veces pienso que si no existiera Dios como figura cultural-social, los psicólogos serían la clase dominante. Sería como en el planeta de los simios, pero los psicólogos serían los simios. ¿Se entiende?
Bien, un día en que me sienta rebelde (porque ya he sido llamada el anticristo de la familia), le diré a mi hermana que no se sienta frustrada ni triste, que hablar con la gata es como hablar con Dios.
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