Kataplúm.

La otra vez estaba pensado en escribir sobre cosas más amables, pero no se me ocurría nada por el estilo (si, yo tampoco puedo creerlo).
Sin embargo, hoy me pasó algo sobre lo cual no puedo (bien, tecnicamente si, por supuesto... pero razonablemente no) hacer ninguna reflexión ni extensa argumentación.
Hoy... me mandé al suelo.

Si, directo al suelo mojado, medio charcoso. Primero me deslicé cinematográficamente en una posa de agua, luego reboté con un auto (detenido, claro), para finalmente caer sobre una pila de la leña. O, al menos, eso creo q pasó, porque, como dicen por ahí, todo fue tan rápido...

Ahora estoy media molida. Mientras escribo, no puedo dejar de ver la férula espantosa en mi meñique izquierdo. Deberían ponerme una en todo el costado izquierdo del cuerpo porque me siento, francamente, molida.
Estoy echada en el sillón como un anciano, y la magulladura en la rodilla derecha me indica que, si, probablemente continuará el frente de mal tiempo.
¬¬

Y, sin embargo, como al minuto después de caerme, mientras me decían q respirara hondo y todo eso, más q preocuparme del típico dolorcillo o la verguenza (extrañamente, lo segundo se me ocurrió recién ahora), me dio una especie de risa boba, q no se me quitó en muuuucho rato.

Entonces me embargó una sensación de liviandad deliciosa. De esa liviandad q sólo se consigue ante la estupidez involuntaria y, por supuesto, inofensiva.
Y pensé: "acá están las cosas más amables, un poco más cerca del suelo".

(Ouch!)

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