Vicente

... nario.

Todavía ni han comenzado las celebraciones y ya estoy absolutamente harta del concepto.
La repetición es molesta. Esto ya es como el waka waka en el mundial de fútbol. Lo que habría sido hasta agradable un par de veces, a la vez número mil ya no se aguanta.

Por qué tienen que arruinarlo tan gratuitamente estos publicistas y periodistas aciosos?
Vayan a buscar noticias de verdad! por dios.

Si, en el fondo, cada año que pasa es igualmente importante recordar cómo el esfuerzo y perseverancia de nuestros tozudos antepasados criollos lograron finalmente mandar para su casa (figurativemente, por supuesto, pq hoy nos invaden más que nunca) a esos españoles abusivos y lesos que vinieron a hacer sucursal en esta otrora impoluta tierra.

Da igual que sean dos o doscientos.
Pero todo el sentido se perdió con esto del "bicentenario" casi como marca registrada del gobierno, pero también de una mayonesa, de una crema, de una tienda de videos, de un detergente, de un mall y, en general, de cualquier cosa que pretenda vender extra por esos días.
El número se comió todo lo demás. En medio de sus manualidades encantadoramente feítas, los parvulitos nunca van a saber qué celebramos. Doscientos años, pero de qué?
Qué importa... son doscientos. Hasta es estética la cifra.

.200.

Se pueden hacer lentes, poleras, gorros, todo tipo de cosas para seguir taladrandonos las neuronas con el vacío de una cifra que ha retumbado una y otra vez al interior de las garrafas vacías y las que se van a vaciar.

Qué mal nos haría llenarlas con algo?
Qué mal nos haría llenarlas también con hechos, con soluciones, con problemas, con cambios, con desafíos, con verdades, hasta con sueños nos serviría.


La gente.
Un misterio para mi.

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