Asuntos más amables
Se me había ocurrido escribir sobre mi reciente intercambio meilístico con la embajada de Dinamarca a propósito de la masacre anual de cetáceos en las costas de las Islas Faroe.
Se me había ocurrido escribir algo (si es que se puede escribir algo más que no sea lo completamente evidente) sobre el rodeo chileno, y de cómo unos huasos lazearon y posteriormente sacaron arrastrando de la medialuna a una niña que se manifestaba en contra de este verdadero acto de barbarie que, de no ser porque acá en Chile hay tantos tipos de chilenos distintos como regiones administrativas, me haría avergonzarme de llevar esa nacionalidad en mi carnet.
Se me había ocurido escribir sobre cómo tuve la idea de empezar a leer el Catesismo de la Iglesia Católica (armandose de santa paciencia,claro), así como para darle una segunda oportunidad a la doctrina de la iglesia antes de dejarla definitivamente ser asunto de otros.
Se me había ocurrido escribir, por ejemplo, de lo malvado que es que una hija pueda regalarle ropa que ya no le entra... a su madre.
Se me había ocurrido escribir de tantas cosas en estos últimos días. Pero no lo había hecho hasta ahora. Y la razón es la siguiente: cómo va a ser posible que lo único que ocupe mis letras sea una tropa de asuntos poco amables. Un cúmulo informe de desacuerdos, rabias y rabietas. Una cachetada tras otra en la cara más insensible que tiene la sociedad occidental para mostrarnos.
Cómo no va a ser posible que yo, que tengo tanto tiempo disponible, me haga el tiempo de pensar en asuntos más amables?
Tanta gente lo hace...
Cómo lo hacen?
Pues lo hacen naturalmente. Eso es lo peor.
Es como eso de que el que se enoja, pues luego le toca el doble trabajo de tener que des-enojarse también.
Y yo, aunque tengo el don de enojarme, simplemente no logro encontrar el de des-enojarme. Y eso que lo he buscado.
Supongo que en estos últimos días he tenido una especie de revelación. Una revelación estúpida, por lo demás, pero absolutamente significativa: ya que no puedo cambiar lo que me molesta, necesito aprender a buscar la paz más que la discordia con todo.
A riezgo de ponerme media new age aquí, necesito encontrar un camino hacia la armonía. Y con armonía me refiero explicitamente a que no quiero evitar enojarme (enojarme, molestarme, discordar y sus derivados), porque no enojarse es como no estar vivo, pero si quiero llegar a aceptar mi enojo y luego seguir adelante con mi día. Y, por supuesto, hacerlo en base a métodos razonables.
Es mucho pedir?
Alguien conoce un gurú?
Se me había ocurrido escribir algo (si es que se puede escribir algo más que no sea lo completamente evidente) sobre el rodeo chileno, y de cómo unos huasos lazearon y posteriormente sacaron arrastrando de la medialuna a una niña que se manifestaba en contra de este verdadero acto de barbarie que, de no ser porque acá en Chile hay tantos tipos de chilenos distintos como regiones administrativas, me haría avergonzarme de llevar esa nacionalidad en mi carnet.
Se me había ocurido escribir sobre cómo tuve la idea de empezar a leer el Catesismo de la Iglesia Católica (armandose de santa paciencia,claro), así como para darle una segunda oportunidad a la doctrina de la iglesia antes de dejarla definitivamente ser asunto de otros.
Se me había ocurrido escribir, por ejemplo, de lo malvado que es que una hija pueda regalarle ropa que ya no le entra... a su madre.
Se me había ocurrido escribir de tantas cosas en estos últimos días. Pero no lo había hecho hasta ahora. Y la razón es la siguiente: cómo va a ser posible que lo único que ocupe mis letras sea una tropa de asuntos poco amables. Un cúmulo informe de desacuerdos, rabias y rabietas. Una cachetada tras otra en la cara más insensible que tiene la sociedad occidental para mostrarnos.
Cómo no va a ser posible que yo, que tengo tanto tiempo disponible, me haga el tiempo de pensar en asuntos más amables?
Tanta gente lo hace...
Cómo lo hacen?
Pues lo hacen naturalmente. Eso es lo peor.
Es como eso de que el que se enoja, pues luego le toca el doble trabajo de tener que des-enojarse también.
Y yo, aunque tengo el don de enojarme, simplemente no logro encontrar el de des-enojarme. Y eso que lo he buscado.
Supongo que en estos últimos días he tenido una especie de revelación. Una revelación estúpida, por lo demás, pero absolutamente significativa: ya que no puedo cambiar lo que me molesta, necesito aprender a buscar la paz más que la discordia con todo.
A riezgo de ponerme media new age aquí, necesito encontrar un camino hacia la armonía. Y con armonía me refiero explicitamente a que no quiero evitar enojarme (enojarme, molestarme, discordar y sus derivados), porque no enojarse es como no estar vivo, pero si quiero llegar a aceptar mi enojo y luego seguir adelante con mi día. Y, por supuesto, hacerlo en base a métodos razonables.
Es mucho pedir?
Alguien conoce un gurú?
Comments