Ssshhhh.
Quedarse callado es más divertido de lo que supuse. Tendría que haberlo intentado antes.
Ahora que han pasado algunos días de hablar sólo lo necesario, lo mínimo aceptable, me pregunto cómo es que uno se enreda de pronto en vivir tanto para afuera.
Por ejemplo, hay cosas que podría contar, pero no las cuento, comentarios que no hago, correcciones que omito, preguntas que no pregunto... y todo ha andado perfecto.
Supongo que uno se pasa la vida sobreestimando la importancia de comunicarse verbalmente todo el tiempo, cuando la realidad es que en la práctica un 80% de las cosas que decimos no tienen la más mínima relevancia.
Incluso esto, no tiene mayor sentido decirlo.
Además, me he dado cuenta de que algunas veces alguien pregunta algo, entonces en mi cabeza aparece la respuesta, pero no la digo. Bueno, no pasan ni cinco segundos antes de que alguien más la dice.
Digamos, alguien siempre va a decir algo. Y el hecho de que no sea yo últimamente es, me da cosa admitirlo, hasta agradable.
Estaba viendo un documental sobre la historia de The Who, y en un momento su guitarrista como que vio la luz divina en las enseñanzas de un maestro indio, Meher Baba, quien además pasó cuarenta y tantos años en completo silencio. Y aún así, sus enseñanzas fueron grandes y célebres entre sus seguidores.
Esto debe ser, además, porque el silencio también llama. El silencio también dice.
O, tal vez, termina de decir lo único que en un mundo como este falta escuchar.
Ahora que han pasado algunos días de hablar sólo lo necesario, lo mínimo aceptable, me pregunto cómo es que uno se enreda de pronto en vivir tanto para afuera.
Por ejemplo, hay cosas que podría contar, pero no las cuento, comentarios que no hago, correcciones que omito, preguntas que no pregunto... y todo ha andado perfecto.
Supongo que uno se pasa la vida sobreestimando la importancia de comunicarse verbalmente todo el tiempo, cuando la realidad es que en la práctica un 80% de las cosas que decimos no tienen la más mínima relevancia.
Incluso esto, no tiene mayor sentido decirlo.
Además, me he dado cuenta de que algunas veces alguien pregunta algo, entonces en mi cabeza aparece la respuesta, pero no la digo. Bueno, no pasan ni cinco segundos antes de que alguien más la dice.
Digamos, alguien siempre va a decir algo. Y el hecho de que no sea yo últimamente es, me da cosa admitirlo, hasta agradable.
Estaba viendo un documental sobre la historia de The Who, y en un momento su guitarrista como que vio la luz divina en las enseñanzas de un maestro indio, Meher Baba, quien además pasó cuarenta y tantos años en completo silencio. Y aún así, sus enseñanzas fueron grandes y célebres entre sus seguidores.
Esto debe ser, además, porque el silencio también llama. El silencio también dice.
O, tal vez, termina de decir lo único que en un mundo como este falta escuchar.
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