La verdad sobre el poeta del alma nicotinada

Hoy es Pascua de Resurrección. Es decir, en un día como este, Jesús, que estaba muerto, volvió a vivir, espontáneamente. Digamos que retomó su cuerpo, que ya había sido preparado y dispuesto para que se sometiera al proceso de putrefacción y desvanecimiento, que a todos nos toca.
Bueno, esto no pasó en su caso. Y es algo que el mundo cristiano celebra con bombos y platillos y demases. Especialmente porque se trata del cumplimiento de una promesa.
Ahí está, entonces, uno de los grandes dogmas de la iglesia (si no el más grande): Dios se hizo hombre, murió y resucitó.

Ahora, por qué me doy la lata de explicar algo tan archi conocido. Pues porque todavía hay quienes no lo entienden.
Justo hoy me topé con el fotolog de un conocido, que gusta de escribir en prosa poética, que dedicaba su inspiración diaria a hablar pestes de la iglesia católica y especialmente del Papa. Básicamente, la típica sarta de ataques que nos han acompañado desde que el mundo es mundo. Sin embargo, esta vez me pareció que era distinto, me pareció... ofensivo.
Lo primero que se me vino a la mente fue algo como "mi mamá no se merece esto".

Es extraño, porque para mí, escuchar descalificaciones a mi fe no es problema, primero, porque no soy tan fanática o estricta en la práctica del catolicismo (algo que para los que sí lo son me dejaría probablemente fuera del Salón de la Fama de los devotos), y, segundo, porque de verdad creo que hay que dejar que la gente hable. Me acuerdo siempre de la UNICA parte de El Quijote que no aborrecí con toda mi alma, esa donde el viejito dice "dejad que los perros ladren, Sancho, porque significa que vamos avanzando", o algo así.

Bueno, sentado esto, vuelvo a mi punto. Como ciudadano permanente de la sociedad de la información y la aldea global (y todo eso), uno sabe a qué atender y a que no. Digamos, uno genera anticuerpos a una infinidad de discursos que no corresponden a lo que somos. Uno tiene esa capacidad discriminatoria, de desechar mecánicamente. Pero gente como mi mamá, no. Es por esas personas (una gran mayoría todavía, creo yo) que me molesta la emisión masiva de mensajes como el de mi conocido anarquista religioso en su fotolog. Porque una cosa es la libre expresión de opiniones, pero otra muy diferente es la explulsión compulsiva de adjetivos claramente mal intencionados sin un propósito detrás o una razón para apoyarlos como tesis, siquiera.
A mi me enseñaron sobre la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de asociación y todas esas libertades tan magníficas para el ser humano. Pero, aún así pienso, "mi mamá no merece esto".

En la línea de la libertad de expresión, estaba tratando de encontrar alguna causa, religión, doctrina política, corriente de pensamiento, o incluso alguna persona (que no sean objetiva y concensuadamente malvadas), que me mereciera palabras igual de acaloradas y perniciosas que las de mi conocido anarquista religioso y acérrimo vegetariano (declarado enemigo de los cerdos carnívoros). Pero, para mi sorpresa, creo que no odio tanto a una sóla cosa en particular. O bien, contrario a todo pronóstico, no soy capaz de engendrar tal cantidad de odio irracional a la vez.

Bien, es en este punto de la reflexión en el que se dio vuelta la tortilla, y experimenté una súbita sensación de gratitud hacia las palabras de mi conocido poeta de alma nicotinada. Gracias a estas, descubrí por qué sigo siendo católica (aún cuando no aspire ni a acercarme al Salón de la Fama), algo que ya estaba olvidando; y por qué me encanta haber sido cargoseada desde la más tierna infancia con esas cantinelas del "sentido común" y la "responsabilidad personal frente a nuestras acciones".
Son asuntos difíciles de entender cuando te los imponen, pero después pagan.
Yo, hoy, no sería capaz, ni estaría interesada, en publicar un texto como el aludido. Me basta con decir "yo opino de esta otra forma...", y listo (eso, en el caso de que valga la pena, claro).

De todas formas, mi mamá ni sabe lo que es un fotolog.

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