Jóvenes delincuentes: la especie que no se extingue
A las 20:00 horas de hoy, digamos, hace una hora y media atrás, más de 35 países del primer mundo suspendieron el consumo de electricidad de electrodomésticos y luces durante 60 minutos, atendiendo a la segunda celebración del llamado "Día del Planeta". La idea es de la organización ambientalista australiana "Fondo Mundial Para la Naturaleza" (cuya sigla en inglés, curiosamente, es WWF) y aunque no se trate de algo novedoso (todas las organizaciones del rubro quieren salvar al mundo de una forma u otra) esta vez logró, al menos, la atención mediatica mundial.
Es que no es cualquier cosa ver las imégenes casi en vivo de los lugares emblemáticos de estas ciudades, como la torre sears, la opera house de sydney, el golden gate y varios otros, apagando sus luces hasta desaparecer por completo del cuadro, mientras decenas de personas encienden velas en la playa o la calle a su alrededor, como signo de apoyo al movimiento y aprovechando la oportunidad de ver el cielo en todo su negro esplendor.
A mi me suena como una rara oportunidad de presenciar y participar en un momento verdaderamente maravilloso, independiente de los discursos de "salvemos los pandas" y "no a las represas", que surgen como una propaganda ineludible a este tipo de acontecimientos y que, personalmente, no me parece que vengan al caso.
No creo que vengan al caso, a pesar del prisma netamente ecologista de la celebración, porque es un hecho que el problema energético y el calentamiento global son temas que se consideran transversalmente serios para todos los habitantes de la tierra, todos los mandatarios y compete a todos los países. Sin embargo, la caza de ballenas es mala y nefasta para nosotros, pero en Japón simplemente la aman. Lo mismo pasa con la horrenda caza de focas, que es impactante, brutal y, nuevamente, innecesaria, pero el gobierno de Canadá la sigue encontrando decididamente espectacular. Y, así, ejemplos de todas las latitudes nos enseñan que en el caso de la preservación de flora y fauna no hay consenso alguno al cual atenerse.
Pero, bueno, lo que yo quería decir no era eso, sino que espero que el próximo año también nos sumemos al asunto de La Hora del Planeta, y se apaguen las luces de La Moneda, y de las empresas (que en muchos casos quedan prendidas toda la noche), y de las carreteras, y de las casas particulares... para que todos los ciudadanos de chile podamos contemplar el infinito, comer algún snack que no haya sido preparado en microondas y finalmente darnos cuenta de nuestra pequeñez existencial frente a la naturaleza salvaje de los elementos que día a día nos hacen el favor incondicional de sustentar nuestras egoístas vidas.
En fin, ese panorama esta muuuuuuuy, pero muy lejos de hacerse realidad acá en Chile. Especialmente acá, de entre todos los países del tercer mundo (o "en vías de desarrollo"). Y no solamente porque cuando acá se apagan las luces, es como darle luz verde a los saqueos y robos oportunistas, sino sobre todo porque mientras en el resto del mundo (mayoritariamente en el "primer mundo") se abrazan para la conmemoración de la hora del planeta, acá, a la misma hora, se conmemora otra cosa: el Día del Joven Combatiente.
En este día, extraoficialmente llamado el Día del Joven Delincuente, personas de diversos barrios conflictivos del país, mayormente de la capital, donde están los grandes medios de comunicación esperando verlos, salen a la calle a hacer destrozos y enfrentarse a piedrazos y últimamente balazos con los efectivos de Carabineros. Esta dinámica, absolutamente rutinaria ya y latera para el resto de los ciudadanos (sin mencionar peligrosa), ha dejado de sorprendernos y ahora es hasta esperable.
Es decir, mientras en un lado del globo alzan velas y carteles con las caras compasivas de los gorilas del congo que no quieren ser masacrados, por este lado alzan piedras y disparan escopetas hechizas contra la fuerza policial, contra los negocios comerciales, contra los paraderos, la señalética de tránsito, la propiedad privada y básicamente cualquier cosa que se interponga en el paso de la manifestación ciudadana en que las autoridades, con su silencio aprobatorio y mano blanda, han convertido este verdadero día de chipe libre para los bándalos locales.
Se preguntarán seguramente cómo se llega a tener un Día del Joven Combatiente. Lo cual tiene una respuesta para nada original y que no solamente se agota en el marco del Macondo latinoamericano. Aunque, por qué no, en la mayoría de los casos se ha convertido en nada más que una excusa para que los niños hagan desastres.
Lo cierto es que hace 20 años, dos jóvenes hermanos murieron por la acción de Carabineros, que les disparó a ambos en la vía pública. Como eran miembros activos del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que tuvo su fundamento como opocisión radical al régimen militar de hace 30 años), sus compañeros se lo tomaron personal, asumiendo que fueron asesinados a sangre fría y sin ningún otro motivo más que su militancia.
La versión oficial, sin embargo, indica que los Carabineros reaccionaron de tal forma para frustrar el asalto a un almacén, que estaba siendo perpetrado por los hermanos.
A causa de esto (de la primera, segunda, ambas versiones, o ninguna), el 29 de marzo es un día para quedarse en casa encerrado, especialmente en la noche. Y, como consecuencia de lo anterior, gastar mucha electricidad, por el contrario de la linda tendencia mundial.
A menos, claro, que seas un Joven Combatiente, y en ese caso no gastas nada, puesto que las barricadas y quema de neumáticos te mantendrán naturalmente calentito y entretenido.
En vista de lo anterior, supongo que por acá sí terminamos contribuyendo en algo. Como siempre, de la forma menos ortodoxa.
Es que no es cualquier cosa ver las imégenes casi en vivo de los lugares emblemáticos de estas ciudades, como la torre sears, la opera house de sydney, el golden gate y varios otros, apagando sus luces hasta desaparecer por completo del cuadro, mientras decenas de personas encienden velas en la playa o la calle a su alrededor, como signo de apoyo al movimiento y aprovechando la oportunidad de ver el cielo en todo su negro esplendor.
A mi me suena como una rara oportunidad de presenciar y participar en un momento verdaderamente maravilloso, independiente de los discursos de "salvemos los pandas" y "no a las represas", que surgen como una propaganda ineludible a este tipo de acontecimientos y que, personalmente, no me parece que vengan al caso.
No creo que vengan al caso, a pesar del prisma netamente ecologista de la celebración, porque es un hecho que el problema energético y el calentamiento global son temas que se consideran transversalmente serios para todos los habitantes de la tierra, todos los mandatarios y compete a todos los países. Sin embargo, la caza de ballenas es mala y nefasta para nosotros, pero en Japón simplemente la aman. Lo mismo pasa con la horrenda caza de focas, que es impactante, brutal y, nuevamente, innecesaria, pero el gobierno de Canadá la sigue encontrando decididamente espectacular. Y, así, ejemplos de todas las latitudes nos enseñan que en el caso de la preservación de flora y fauna no hay consenso alguno al cual atenerse.
Pero, bueno, lo que yo quería decir no era eso, sino que espero que el próximo año también nos sumemos al asunto de La Hora del Planeta, y se apaguen las luces de La Moneda, y de las empresas (que en muchos casos quedan prendidas toda la noche), y de las carreteras, y de las casas particulares... para que todos los ciudadanos de chile podamos contemplar el infinito, comer algún snack que no haya sido preparado en microondas y finalmente darnos cuenta de nuestra pequeñez existencial frente a la naturaleza salvaje de los elementos que día a día nos hacen el favor incondicional de sustentar nuestras egoístas vidas.
En fin, ese panorama esta muuuuuuuy, pero muy lejos de hacerse realidad acá en Chile. Especialmente acá, de entre todos los países del tercer mundo (o "en vías de desarrollo"). Y no solamente porque cuando acá se apagan las luces, es como darle luz verde a los saqueos y robos oportunistas, sino sobre todo porque mientras en el resto del mundo (mayoritariamente en el "primer mundo") se abrazan para la conmemoración de la hora del planeta, acá, a la misma hora, se conmemora otra cosa: el Día del Joven Combatiente.
En este día, extraoficialmente llamado el Día del Joven Delincuente, personas de diversos barrios conflictivos del país, mayormente de la capital, donde están los grandes medios de comunicación esperando verlos, salen a la calle a hacer destrozos y enfrentarse a piedrazos y últimamente balazos con los efectivos de Carabineros. Esta dinámica, absolutamente rutinaria ya y latera para el resto de los ciudadanos (sin mencionar peligrosa), ha dejado de sorprendernos y ahora es hasta esperable.
Es decir, mientras en un lado del globo alzan velas y carteles con las caras compasivas de los gorilas del congo que no quieren ser masacrados, por este lado alzan piedras y disparan escopetas hechizas contra la fuerza policial, contra los negocios comerciales, contra los paraderos, la señalética de tránsito, la propiedad privada y básicamente cualquier cosa que se interponga en el paso de la manifestación ciudadana en que las autoridades, con su silencio aprobatorio y mano blanda, han convertido este verdadero día de chipe libre para los bándalos locales.
Se preguntarán seguramente cómo se llega a tener un Día del Joven Combatiente. Lo cual tiene una respuesta para nada original y que no solamente se agota en el marco del Macondo latinoamericano. Aunque, por qué no, en la mayoría de los casos se ha convertido en nada más que una excusa para que los niños hagan desastres.
Lo cierto es que hace 20 años, dos jóvenes hermanos murieron por la acción de Carabineros, que les disparó a ambos en la vía pública. Como eran miembros activos del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que tuvo su fundamento como opocisión radical al régimen militar de hace 30 años), sus compañeros se lo tomaron personal, asumiendo que fueron asesinados a sangre fría y sin ningún otro motivo más que su militancia.
La versión oficial, sin embargo, indica que los Carabineros reaccionaron de tal forma para frustrar el asalto a un almacén, que estaba siendo perpetrado por los hermanos.
A causa de esto (de la primera, segunda, ambas versiones, o ninguna), el 29 de marzo es un día para quedarse en casa encerrado, especialmente en la noche. Y, como consecuencia de lo anterior, gastar mucha electricidad, por el contrario de la linda tendencia mundial.
A menos, claro, que seas un Joven Combatiente, y en ese caso no gastas nada, puesto que las barricadas y quema de neumáticos te mantendrán naturalmente calentito y entretenido.
En vista de lo anterior, supongo que por acá sí terminamos contribuyendo en algo. Como siempre, de la forma menos ortodoxa.
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