Por qué no puedo ser periodista

Qué semana intensa tuve.
Una semana periodística-electrónica.
Una semana dedicada al aniversario de Lota y a cranear cómo diablos escribir 12 mil caracteres "publicables, originales y creativos" al respecto. Cómo reportear un evento que viene sucediendo por más de 340 años, como si fuera la primera vez.
Regularmente, en los 5 años de mi carrera, me pregunté cual es el criterio para lo "publicable". Pareciera que uno puede publicar cualquier cosa, verdad? Bueno, a mi juicio (muy modesto, claro) todo depende del público. Para el público "periodístico", por ejemplo, para esos señores que se devoran El Mercurio los fines de semana, no puedo escribir una pila de disparates. Tengo que ponerme más o menos seria, definitivamente compuesta.
En fin, cuando terminé de escribir (por supuesto, me pasé de los 12 mil caracteres) me di cuenta de que no me gustaba mi estilo. "Mi estilo". En cuanto pensé eso me asusté. Mi estilo no es el estilo de El Mercurio, es... cursi.
Si. Fue terrible descubrirlo. Me encantan las metáforas, las comparaciones, los juegos sutiles de palabras... Por Dios! Me doy asco!
En el pasado tuve un par de problemas con gente cursi, gente cursi y bienintencionada, pero cursi. Y esas cosas no anduvieron de lo mejor porque la cursilería me incomoda, y más aún en el periodismo.
Si el periodismo se pone cursi, entonces los periodistas (además de relacionadores públicos, publicistas, documentalistas, camarógrafos, cineastas, libretistas, escritores, animadores, modelos y actores) también se van a creer poetas. Algunos ya lo hacen, especialmente los del área deportiva.
Por supuesto, me vi en la obligación moral de modificar mi reportaje a su mínima expresión personal. Me saqué casi completamente de lo escrito, y me sentí mejor. La razón por la que me sentí mejor no fue porque el documento haya mejorado, sino porque yo ya no estaba ahí.
Si hubiera contuado ahí, y hubiera sido reprobado, habría sido horroroso.
Ahora, en cambio, si reprueban mi reportaje, no estarán "reprobandoME".
Nunca me ha gustado mezclar los negocios con lo otro.

Y por eso no puedo ser periodista.

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