Los Hallowines
Una bruja me acaba de tocar el timbre. Como yo estoy en pijama (después de un día agitado en el Gran Concepción), le digo a mi mamá que abra. Pero ella me dice que me calle.
Ahora, ¿Por qué querría abrirle la puerta a una bruja?... pues porque tiene 5 años y su sombrero puntiagudo es de cartón.
Sí. Son los hallowines. Todos esos tiernos niños y niñas que celebran una fiesta nacida de la vasta imaginación de los celtas, pero que hoy es impulsada por el gremio de dentistas de chile.
Al escuchar cierto griterío pueril a la distancia, le pregunté a mi papá si Halloween era en un mes más, a lo que él respondió (con mucha más paciencia que mi madre, siempre con más paciencia que mi madre) "... será en un MINUTO más?, porque ya se escucha niños corriendo".
Bueno, Matilda, la bruja incesante, procedió a insistir por la puerta de la cocina. Y al encontrarse cara a cara con mis papás, que estaban en el patio, balbuceó "dulce o travesura", o lo que parecía sonar como "dulce o travesura" cuando aún estás en el pre escolar y tu lengua es aparentemente muy grande para tu boca.
Mi mamá, amorosa ella, le respondió "¿dulce o travesura?", tal vez con la esperanza de que haya querido decir cualquier otra cosa, de preferencia, menos pagana. A lo que Matilda la Intrépida ratificó "dulce o travesura!".
Un antecedente: el año en que mi mamá decidió definitivamente no entender lo que le estaban preguntando, nos pasamos todo el fin de semana limpiando un manchón azul al lado de la puerta principal, con detergente de autos. Por lo que "dulce o travesura" significa realmente eso, "o nos das dulces, o muy vandálicamente estrellaremos estas bombitas de agua rellenas de pintura al óleo en tu blanca pared".
Entonces, resignada, mi madre entró a buscar los caramelitos que ya le había yo preparado sobre el mesón de la cocina. Esto es porque, a diferencia de ella, yo ya superé mi etapa de Negación con respecto a Halloween. Tanto, que ya ni se en qué mes es la cosa. Por supuesto, el ejercito de promotoras vestidas de la versión sexy de Matilda en el supermercado tienden a recordartelo, pero más allá de eso, no me entero. Y me alegro, porque me carga el timbre.
Sea como sea, Matilda chilló de la emoción al escuchar el sonido de los dulces callendo en su canastita de calabaza plástica, como una primorosa cascada de caries y un prometedor anticipo del dolor de estómago que le espera esta noche.
Lo anecdótico del asunto es que cuando vuelva a su casa y voltée su calabaza sobre la cama, Matilda notará con asombro que parte de su botín tiene un viejito pascuero impreso en los envoltorios, de los que se compran en esa época del año en que las promotoras sacan su disfraz de señora claus en el trópico. Es que acá no somos muy fanáticos de las pastillas y, bueno, tienden a acumularse.
Así que supongo que la que hizo la travesura este año fui yo. Si!
Veo unos esqueletitos emergiendo de la niebla nocturna. A ellos si les harán bien unos cuantos dulces.
Ahora, ¿Por qué querría abrirle la puerta a una bruja?... pues porque tiene 5 años y su sombrero puntiagudo es de cartón.
Sí. Son los hallowines. Todos esos tiernos niños y niñas que celebran una fiesta nacida de la vasta imaginación de los celtas, pero que hoy es impulsada por el gremio de dentistas de chile.
Al escuchar cierto griterío pueril a la distancia, le pregunté a mi papá si Halloween era en un mes más, a lo que él respondió (con mucha más paciencia que mi madre, siempre con más paciencia que mi madre) "... será en un MINUTO más?, porque ya se escucha niños corriendo".
Bueno, Matilda, la bruja incesante, procedió a insistir por la puerta de la cocina. Y al encontrarse cara a cara con mis papás, que estaban en el patio, balbuceó "dulce o travesura", o lo que parecía sonar como "dulce o travesura" cuando aún estás en el pre escolar y tu lengua es aparentemente muy grande para tu boca.
Mi mamá, amorosa ella, le respondió "¿dulce o travesura?", tal vez con la esperanza de que haya querido decir cualquier otra cosa, de preferencia, menos pagana. A lo que Matilda la Intrépida ratificó "dulce o travesura!".
Un antecedente: el año en que mi mamá decidió definitivamente no entender lo que le estaban preguntando, nos pasamos todo el fin de semana limpiando un manchón azul al lado de la puerta principal, con detergente de autos. Por lo que "dulce o travesura" significa realmente eso, "o nos das dulces, o muy vandálicamente estrellaremos estas bombitas de agua rellenas de pintura al óleo en tu blanca pared".
Entonces, resignada, mi madre entró a buscar los caramelitos que ya le había yo preparado sobre el mesón de la cocina. Esto es porque, a diferencia de ella, yo ya superé mi etapa de Negación con respecto a Halloween. Tanto, que ya ni se en qué mes es la cosa. Por supuesto, el ejercito de promotoras vestidas de la versión sexy de Matilda en el supermercado tienden a recordartelo, pero más allá de eso, no me entero. Y me alegro, porque me carga el timbre.
Sea como sea, Matilda chilló de la emoción al escuchar el sonido de los dulces callendo en su canastita de calabaza plástica, como una primorosa cascada de caries y un prometedor anticipo del dolor de estómago que le espera esta noche.
Lo anecdótico del asunto es que cuando vuelva a su casa y voltée su calabaza sobre la cama, Matilda notará con asombro que parte de su botín tiene un viejito pascuero impreso en los envoltorios, de los que se compran en esa época del año en que las promotoras sacan su disfraz de señora claus en el trópico. Es que acá no somos muy fanáticos de las pastillas y, bueno, tienden a acumularse.
Así que supongo que la que hizo la travesura este año fui yo. Si!
Veo unos esqueletitos emergiendo de la niebla nocturna. A ellos si les harán bien unos cuantos dulces.
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