Bien al norte, todo se arregla en tres sílabas
Hace tiempo terminé de escribir el borrador de una película, cuyo working title es El Color de las Paredes.
Me acordé de eso hoy porque el eje central del guión está inspirado en esa canción de the beatles, Let it be. Qué buena canción.
Lo bueno del idioma inglés es, entre otras bondades gramaticales, que la gran mayoría de las palabras de vocabulario cotidiano son monosílabas. Por lo tanto, todo se dice de forma más rápida y precisa. Cuanto más rápido uno puede comunicar, más eficientemente está obligado a pensar y ordenar las ideas.
Bueno, hoy tuve un día extraño y me sentí pésimo, abatida por las situaciones en las cuales no puedes hacer mucho más de lo que haz intentado para remediarlas, más que declararlas como lisas y llanas faltas a la justicia (y, más encima, en uno de los momentos clave de la carrera). "Qué día de mierda, qué profesor de mierda, qué nota de mierda, qué universidad de mierda, y qué cinco años de mierda", pensé. Sin embargo, a pesar de esa cosa que da en el esternón cuando sentimos que el universo se viene encima, lento, pero seguro... en todo momento conservé un insospechado atisbo de algo como parecido a la paz. No era simple tranquilidad, no era tranquilidad, de hecho. Era paz. Como dicen los gringos, peace of mind.
Entonces, desistí de volver a la batalla nuevamente. Algo muy raro en mí, que suelo molestar hasta que quedo absolútamente clara en el por qué pasa lo que pasa, o bien, hasta que ya estoy segura de haber hinchado lo suficiente como para que no pase otra vez lo mismo. Pero esta vez, para mi sorpresa, dejé sobre mi cama todos los elementos de prueba que había recolectado para apoyar mi punto y fortalecer mi defensa en el round 2, tomé mi bolso y me fui al centro a encontrarme con una prima, que está de visita en la ciudad.
Me contó que está embarazada. Tiene tres meses y hacía casi un año que lo estaba intentando.
Me alegré mucho por ella. Me olvidé de lo anterior. Me compré un tazón de café estilerísimo y tomamos once con pastelillos.
Cuando nos despedimos me sentí muy a lo Friday I'm in Love, de The Cure (aún cuando no es friday, ni estoy in love).
Ahora, el día oficialmente terminó. Ya estoy en otro. Van a pasar más cosas que me saquen de quicio, y también voy a recibir nuevas buenas noticias, pero no pienso perder mi peace of mind. Y, para eso, lo único que tengo que recordar es Let it Be.
Hey!, Life goes on, después de todo.
Me acordé de eso hoy porque el eje central del guión está inspirado en esa canción de the beatles, Let it be. Qué buena canción.
Lo bueno del idioma inglés es, entre otras bondades gramaticales, que la gran mayoría de las palabras de vocabulario cotidiano son monosílabas. Por lo tanto, todo se dice de forma más rápida y precisa. Cuanto más rápido uno puede comunicar, más eficientemente está obligado a pensar y ordenar las ideas.
Bueno, hoy tuve un día extraño y me sentí pésimo, abatida por las situaciones en las cuales no puedes hacer mucho más de lo que haz intentado para remediarlas, más que declararlas como lisas y llanas faltas a la justicia (y, más encima, en uno de los momentos clave de la carrera). "Qué día de mierda, qué profesor de mierda, qué nota de mierda, qué universidad de mierda, y qué cinco años de mierda", pensé. Sin embargo, a pesar de esa cosa que da en el esternón cuando sentimos que el universo se viene encima, lento, pero seguro... en todo momento conservé un insospechado atisbo de algo como parecido a la paz. No era simple tranquilidad, no era tranquilidad, de hecho. Era paz. Como dicen los gringos, peace of mind.
Entonces, desistí de volver a la batalla nuevamente. Algo muy raro en mí, que suelo molestar hasta que quedo absolútamente clara en el por qué pasa lo que pasa, o bien, hasta que ya estoy segura de haber hinchado lo suficiente como para que no pase otra vez lo mismo. Pero esta vez, para mi sorpresa, dejé sobre mi cama todos los elementos de prueba que había recolectado para apoyar mi punto y fortalecer mi defensa en el round 2, tomé mi bolso y me fui al centro a encontrarme con una prima, que está de visita en la ciudad.
Me contó que está embarazada. Tiene tres meses y hacía casi un año que lo estaba intentando.
Me alegré mucho por ella. Me olvidé de lo anterior. Me compré un tazón de café estilerísimo y tomamos once con pastelillos.
Cuando nos despedimos me sentí muy a lo Friday I'm in Love, de The Cure (aún cuando no es friday, ni estoy in love).
Ahora, el día oficialmente terminó. Ya estoy en otro. Van a pasar más cosas que me saquen de quicio, y también voy a recibir nuevas buenas noticias, pero no pienso perder mi peace of mind. Y, para eso, lo único que tengo que recordar es Let it Be.
Hey!, Life goes on, después de todo.
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