Concepción es una ironía de ciudad

Concepción es una ciudad demasiado fome para existir.
Si cayera un meteorito en medio del centro hoy, sería una excelente forma de abrir los noticiarios de la noche (y hasta hacer una aparición destacada en CNN, la BBC y otras cadenas a las cuales amamos en el tercer mundo). Seguramente vendrían expertos de todas partes a medir el cráter, a hacer estudios, tomar muestras, sacar fotos, etc. Seguramente, también, se lanzaría toda una campaña mediática para recaudar fondos que vayan en ayuda de las víctimas, de las personas que perdieron a familiares y que vieron sus negocios destruidos por el siniestro acontecimiento. Todos tendrían algo que decir sobre el hecho. Sería, como periodista lo digo, muy emocionante.

Sin embargo, y de esto estoy segura, nadie diría algo como "se ha perdido el patrimonio de una de las ciudades más interesantes del país", o "es el fin de un gran foco turístico", bla bla, "qué acontecimiento más lamentable".
Fuera de lo referente al meteorito, no habría nada que rescatar de la ciudad misma. Porque Concepción es una de las ciudades mas fomes que he visto en mi vida. Una de las más grises, una de las más muertas, una de las más arribistas y una de las más proletarias. Una de las más simples, donde sin embargo, todos se creen más complejos y más nortinos y más capitalinos y más "el Gran Concepción, pues hombre".

La verdad sobre Concepción, la Pequeña Concepción, es que se trata de un foco netamente industrial dentro de la estructura del país. En esta región estaban las minas de carbón, la pesca y luego las grandes empresas que ahora producen cantidades indiscriminadas de dinero para las arcas fiscales y, por qué no agregarlo, para los bolsillos de los involucrados en el proceso de hacer llegar esas platas a las arcas. De cualquier forma, Concepción es una ciudad que produce, una ciudad de clase media trabajadora, una ciudad que sigue respondiendo a la dinámica del patrón de fundo.
Acá somos todos peones, nuestros abuelos fueron peones y sus abuelos fueron peones. Acá lo que importa es producir y quedar bien con el dueño del fundo. Acá nos encantan los honores a las autoridadaes y esperamos que alguuuuun día, si nos portamos bien bien y le sonreímos a la gente indicada, podremos también ser homenajeados y sentarnos en las sillas con cojín.

Por eso es que la idiosincracia local no nos permite el desarrollo de otras áreas que se alienan de la corriente industrial-arribista, como las artes, la recreación y, sencillamente, el cultivo del ocio (algo tan sano dentro de la nutrición de las sociedades para que crescan gorditas). Así, el panorama actual no deja nada que hacer en una tarde sin compromisos laborales o sin "trámites" que cumplir.
Me encuentro sentada frente a mi computador en una tibia tarde de viernes, revisando la página "contactoconce", y dándome cuenta de que simplemente no hay panoramas para pasar un buen rato de entretención llana. Nada.
De hecho, la oferta popular de diversión se limita a los más patéticos mínimos. Hay un mall (en constante remodelación, lo que lo hace prácticamente intransitable. Y, claro, estrictamente no esta en Conce, sino en Talcahuano). El mall tiene un cine (que trae puras pelis que ya aburrienron en Santiago). No hay ni UN SOLO cine más en la ciudad.
Hay un teatro, que depende la universidad de concepción, donde se presenta una que otra ópera o una orquesta de veeeez en cuando. Y para quienes no cuentan con tanto presupuesto, o bien no gustan de la "música selecta", hay unas películas los martes, con precio de estudiante, y siempre que seas fan del cinearte, o no te importe pagar luca por una buena siesta.
También hay algunas salas que se usan para teatro, cuando hay. Pero es imposible decir que en Conce hay teatro. Así como que un día estoy aburrida y digo "voy a ir al teatro". No. Aunque debería. Si pagara mejor hacer teatro, posiblemente habría más teatro. No es culpa del teatro, en todo caso.
En cuanto a las exposiciones, yo misma monté una hace un par de años. No con trabajos míos, sino como un proyecto en la U. Exhibimos pinturas hechas por escolares y resultó super, nos sacamos un siete. En la sala en que la montamos, regularmente hay otras, y regularmente valen la pena, cuando uno pasa por afuera y cuenta con cinco minutos de tiempo entre los trámites que usualmente son la razón de que uno vaya al centro.

Mi punto es que nadie que viviera acá podría decir "oh, voy a ir a la ciudad a ver qué hay de divertido!". Si así fuera me vería en el deber de preguntarle si sabe dónde está parada, y qué día de la semana es y en qué mes y año estamos. Por supuesto, uno no puede descartar las contusiones o lagunas mentales o pérdidas de orientación de algunos penquistas, producto, claro, de la ingesta masiva de antidepresivos como resultado de una eternidad viviendo en la capital de la nada. Si yo fuera sicólogo, me instalaría en Concepción.

Me pregunto cuántos de los delincuentes que hacen de nuestra Concepción una de las ciudades más arrasadas por robos y asaltos, lo harán de puro aburrimiento. Por lo menos, la ausencia de estímulos ha hecho que mucha gente se repliegue a crear cosas por su cuenta, los más talentosos, claro. Lo cual ha resultado en el surgimiento, por ejemplo, de algunos artistas destacables en la música. Me refiero a un par de bandas que ahora son famosas y exitosas, puesto que en cuanto vieron que eran buenos... emigraron a Santiago, que es dónde está la música y las disqueras, y todo. Lo mismo con los cineastas, con los escritores, con los pintores, etc.
Al final, vivo en una ciudad utilitaria, una ciudad de paso, una ciudad "para" cosas, pero que no es nada en sí misma. Un lugar PARA estudiar y PARA trabajar en oficios monótonos.
Vivo en el patio trasero de La Moneda, uno de los tantos patios traseros, y lo que se produce en él, inmediatamente se manda al patio de adelante, donde todos lo ven pero nadie se pregunta de dónde salió.
Esto es, en escencia, un pueblo fantasma, un lugar sin alma, sin cuento. Y de cierta forma es gracioso, porque en "Concepción" las cosas deberían ser "concebidas", deberían nacer, ¿cierto?. Pero bueno, por las ironías de la vida, Concepción (no Santiago, no Valdivia, no Viña) es una ciudad estéril.
Charán.

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