Teje tu propio gorro nomás
Yo soy una convencida de que "El gorro de lana" es el máximo manifiesto feminista en la historia del folklore chileno.
Ahora que se acercan las fiestas patrias, invito a todas mis féminas compatriotas a escuchar con mayor detención la que comúnmente se considera una tonadilla fome y machista del sur del país, sin atender a su verdadero mensaje: la triste historia de un hombre que se rehusa a creer que su esposa ya no lo pesca. Entonces, para recuperar su pocisión dominante dentro del núcleo familiar, él le encomienda tareas insulsas a la mujer, a modo de probar su lealtad y entrega.
Así queda claro en la primera estrofa del famoso cántico chilote:
Un gorro de lana
te mandé a tejer
para el crudo invierno
que vino a caer.
Tú me lo tejiste
con poca pasion:
Se destiñó, se destiñó
con la lluvia que cayó.
Se destiñó, se destiñó,
Igual que tu cariño!
Ya en el segundo acto del relato, el pobre sujeto nos cuenta los entretelones del desaire, a pesar de que esto sólo lo hace quedar más como un macabeo. Sin embargo, comparte cada detalle, seguramente inspirado por varios tragos de licor de oro, con los que pasa la pena de lo que claramente parece un affair entre su señora y el lechero, romance que comenzó mientras él estaba muy ocupado siendo un cretino desatento:
Siete ovejas blancas
te di pa' esquilar,
y después la lana
te mandé a lavar.
Tú te descuidaste
en forma fatal:
Se la llevó, se la llevó
la corriente del canal;
Se la llevó, se la llevó
¡Igual que tu cariño!
Claramente la mujer, entregada a sus deseos los primeros años de matrimonio, ahora ya no manifiesta ningún tipo de interés en él. No le teje ni un mísero gorro de lana. Es terrible. Ya no sabe qué hacer, por lo que en plena borrachera decide marcharse definitivamente del lugar. No puede competir con el amable, y considerablemente joven, lechero. Por lo que le pide a uno de sus amigos imaginarios que conoció en el bar, que ordene al cantinero una jarra de licor para llevar y apreste la embarcación para escapar a la brevedad del bochorno público, mientras algo de dignidad le quede, hacia un lugar donde nadie lo conozca:
¡Desata la lancha,
que voy pa' Quellón!
¡Echame la jarra,
y echa el acordeón!
Ya no quiero penas
Ni falsa pasión:
Voy pa' Quellón,
voy pa' Quellón
En busca de un nuevo amor;
Voy pa' Quellón, voy pa' Quellón,
¡No quiero tu cariño!
Aparentemente, en Quellón había excelentes prostíbulos.
Ahora que se acercan las fiestas patrias, invito a todas mis féminas compatriotas a escuchar con mayor detención la que comúnmente se considera una tonadilla fome y machista del sur del país, sin atender a su verdadero mensaje: la triste historia de un hombre que se rehusa a creer que su esposa ya no lo pesca. Entonces, para recuperar su pocisión dominante dentro del núcleo familiar, él le encomienda tareas insulsas a la mujer, a modo de probar su lealtad y entrega.
Así queda claro en la primera estrofa del famoso cántico chilote:
Un gorro de lana
te mandé a tejer
para el crudo invierno
que vino a caer.
Tú me lo tejiste
con poca pasion:
Se destiñó, se destiñó
con la lluvia que cayó.
Se destiñó, se destiñó,
Igual que tu cariño!
Ya en el segundo acto del relato, el pobre sujeto nos cuenta los entretelones del desaire, a pesar de que esto sólo lo hace quedar más como un macabeo. Sin embargo, comparte cada detalle, seguramente inspirado por varios tragos de licor de oro, con los que pasa la pena de lo que claramente parece un affair entre su señora y el lechero, romance que comenzó mientras él estaba muy ocupado siendo un cretino desatento:
Siete ovejas blancas
te di pa' esquilar,
y después la lana
te mandé a lavar.
Tú te descuidaste
en forma fatal:
Se la llevó, se la llevó
la corriente del canal;
Se la llevó, se la llevó
¡Igual que tu cariño!
Claramente la mujer, entregada a sus deseos los primeros años de matrimonio, ahora ya no manifiesta ningún tipo de interés en él. No le teje ni un mísero gorro de lana. Es terrible. Ya no sabe qué hacer, por lo que en plena borrachera decide marcharse definitivamente del lugar. No puede competir con el amable, y considerablemente joven, lechero. Por lo que le pide a uno de sus amigos imaginarios que conoció en el bar, que ordene al cantinero una jarra de licor para llevar y apreste la embarcación para escapar a la brevedad del bochorno público, mientras algo de dignidad le quede, hacia un lugar donde nadie lo conozca:
¡Desata la lancha,
que voy pa' Quellón!
¡Echame la jarra,
y echa el acordeón!
Ya no quiero penas
Ni falsa pasión:
Voy pa' Quellón,
voy pa' Quellón
En busca de un nuevo amor;
Voy pa' Quellón, voy pa' Quellón,
¡No quiero tu cariño!
Aparentemente, en Quellón había excelentes prostíbulos.
Comments
Mención aparte merece "Para leer al Pato Donald...", pero no voy a comentar eso...
volviendo a lo del gorro en cuestión...es bien acertado la interpretación que haces de la historia. Si tomaras o fumaras algo, diría que se te ocurrió curá' o volá'...de todas formas, excelente apreciación.
Creo que vas en camino para ser la prox Margot Loyola de Lonco Norte.