"Cine en su casa"

Esperar la micro se ha transformado en una tortura para mí. No sólo por lo latoso de esperar bajo el sol, el viento, la lluvia, los maleantes potenciales, las señoras mal humoradas, los vendedores de cosas raras, los escolares en masa, el dióxido de carbono... etc., sino además, porque el centro está repleto de esos gloriosos afiches de piratas del caribe 3 en cada refugio peatonal de la ciudad.
Y ahí esta uno... a centímetros de alguna de esas verdaderas pequeñas piezas de arte postmoderno mercantilista que nos ofrece el merchandising gringoide. Que nos ofrece a un vidrio de distancia.
Fantaseo pensando en cómo se verían en la pared de mi pieza, brillantes con el sol de la mañana (la verdad es q lo supongo porque por lo general estoy durmiendo a esas horas), al lado de la alfombra de elvis que compré la semana pasada y que aún no instalo.
El asunto es que llevo al menos unos 10 años viviendo en esta pieza, y todavía mis paredes parecen como si me hubiera cambiado de casa ayer. Lo admito: tengo miedo a los clavos. Me parecen algo tan definitivo, tan comprometedor, que los evito como sea. En su lugar, mis paredes estan plagadas de dibujos en lápiz grafito, palabras, reproducciones en palotes de la obra de rene magritte, mmini cuentos, un mapa conceptual del valaquenta y algunos recordatorios de programación del cable que en alguna época temía perderme a causa del olvido.
Ahora, el problema con el grafito es que, al contrario de lo que pudiera suponerse (me incluyo), no se borra con una goma de borrar, como en el papel. Por el contrario, se queda metido en las mini ranuras de la pintura y no sale con nada. Por eso me vi obligada a pegar sobre lo que pretendía borrar algunos afiches de pelis como el episodio I, el episodio II, el último samurai, peter pan, matrix y el señor de los anillos, además de un calendario de pelis viejas, como de la época de oro de MGM y esas cosas, que voy rotando desde el año pasado. Ah, y una foto gigante de un panda comiendo un bambú, no se por qué. Tal vez por la nostalgia. La otra vez escuché que ya hasta se olvidaron de cómo reproducirse, los pobres.
Al lado de mi closet tengo un cuadro abstracto de un artista cuyo nombre no recuerdo. Sólo se que la pintura se llama "alegría", pero no es para nada alegre. Yo la llamo "los siete jinetes del apocalipsis".
Al lado de "los siete jinetes del apocalípsis" me gustaría tener al Capitán Jack Sparrow.

Investigué los posibles cargos que se me imputarían si decido procurarme un afiche a piedrazos contra el paradero. Nada muy grave, la verdad, pero dada mi falta de experiencia en delitos, sería bastante improbable el éxito de la misión.
Un amigo dice que todas esas cosas de publicidades, marqueteo y pendones después se encuentran a dos pesos en el persa bío bío. Y, claro, una vez un tipo de cinemark me dijo que ellos también tenían que devolver al distribuidor los afiches de pelis de la cartelera.
La provincia es cinematográficamente apestosa.
Pero no me preocupo. En otras ocaciones el tiempo me resolvió el problema. Algo se me ocurrirá. Algo como llamar a la distribuidora, por ejemplo.

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