Robbie, el Anillo y la escala de grises.
A esta hora está empezando el concierto de robbie williams.
Mmm...
No tengo apuro. Me como una tortita de chocolate y me dispongo a esperar a su próxima gira.
Debería estar desesperada porque no conseguí 200 lucas para viajar a santiago, comprar comida y asistir ir al concierto en una ubicación decente.
Pensé en comprarme una de 10 lucas y disfrutar viendo una pantalla gigante desde la punta de la galería, sin importar las ganas de ir al baño, el cansancio de haber acampado desde el día anterio en la fila y la incomodidad de estar con la misma ropa q ayer.
Pero tengo claro q no soy ese tipo de fan. Yo no quiero galería. Yo quiero asiento numerado, quiero ver las gotas de sudor callendo por su cara, quiero q ningún cartel gigante me tape el panorama, que ningún vendedor de coca-cola me arruine la canción y que el sonido no llegue con el eco típico de los rincones insondables del Estadio Nacional.
... no se pudo.
... no esta vez, al menos.
La buena noticia es que tengo la certeza de q, si no fue esta vez, será otra. Esa creencia popular de que en la vida solo se presenta UNA oportunidad preciosa para lograr lo que anhelamos me parece una pavada mayúscula, detrás de la cual deben estar los productores de antidepresivos y el gremio mundial de psiquiátras.
Cuando era chica creía en el blanco y negro. Mi vida era una angustia patética detrás del blanco. Ahora me muevo en una escala de grises, que es mi respuesta personal al hecho irrefutable de que nada es completamente perfecto y nada es completamente fatídico.
Los grises hacen q la vida tenga sentido. Como dijo mi abuelo -ante una de mis tantas rabietas existenciales- no hay bueno si no hay malo, porque sólo en la existencia de uno podemos entender el otro.
La clave es no desesperar.
El 2001 estrenaron La Comunidad del Anillo y me pasó algo parecido. Junto con mi alegría vino la histeria por conseguir el anillo grabado con las letras en élfico, q era la pieza más típica de la infinidad de merchandising q empezó a distribuirse a través de concursos, sorteos y algunos remates en internet.
Igualmente, no me conformé con las imitaciones o las indignas versiones plásticas, tenía q ser uno de "esos", uno de los que no conseguía.
Así q esperé... por 5 años.
En una clase de inglés hablé sobre el Señor de los Anillos y el profesor me hizo algunas preguntas que medían mi nivel de baboseo por la obra. Una de ellas era "...y tienes El Anillo?". Con pesar respondí "No", ahorrandome toda la odisea de concursos, sorteos y méritos varios en los que participé sin éxito.
La clase siguiente el profesor extendió la mano y me dijo "creo q Esto estará mejor contigo q conmigo".
... era El Anillo.
Algún día veré a robbie desde tan cerca q lo dejaré sordo.
Mmm...
No tengo apuro. Me como una tortita de chocolate y me dispongo a esperar a su próxima gira.
Debería estar desesperada porque no conseguí 200 lucas para viajar a santiago, comprar comida y asistir ir al concierto en una ubicación decente.
Pensé en comprarme una de 10 lucas y disfrutar viendo una pantalla gigante desde la punta de la galería, sin importar las ganas de ir al baño, el cansancio de haber acampado desde el día anterio en la fila y la incomodidad de estar con la misma ropa q ayer.
Pero tengo claro q no soy ese tipo de fan. Yo no quiero galería. Yo quiero asiento numerado, quiero ver las gotas de sudor callendo por su cara, quiero q ningún cartel gigante me tape el panorama, que ningún vendedor de coca-cola me arruine la canción y que el sonido no llegue con el eco típico de los rincones insondables del Estadio Nacional.
... no se pudo.
... no esta vez, al menos.
La buena noticia es que tengo la certeza de q, si no fue esta vez, será otra. Esa creencia popular de que en la vida solo se presenta UNA oportunidad preciosa para lograr lo que anhelamos me parece una pavada mayúscula, detrás de la cual deben estar los productores de antidepresivos y el gremio mundial de psiquiátras.
Cuando era chica creía en el blanco y negro. Mi vida era una angustia patética detrás del blanco. Ahora me muevo en una escala de grises, que es mi respuesta personal al hecho irrefutable de que nada es completamente perfecto y nada es completamente fatídico.
Los grises hacen q la vida tenga sentido. Como dijo mi abuelo -ante una de mis tantas rabietas existenciales- no hay bueno si no hay malo, porque sólo en la existencia de uno podemos entender el otro.
La clave es no desesperar.
El 2001 estrenaron La Comunidad del Anillo y me pasó algo parecido. Junto con mi alegría vino la histeria por conseguir el anillo grabado con las letras en élfico, q era la pieza más típica de la infinidad de merchandising q empezó a distribuirse a través de concursos, sorteos y algunos remates en internet.
Igualmente, no me conformé con las imitaciones o las indignas versiones plásticas, tenía q ser uno de "esos", uno de los que no conseguía.
Así q esperé... por 5 años.
En una clase de inglés hablé sobre el Señor de los Anillos y el profesor me hizo algunas preguntas que medían mi nivel de baboseo por la obra. Una de ellas era "...y tienes El Anillo?". Con pesar respondí "No", ahorrandome toda la odisea de concursos, sorteos y méritos varios en los que participé sin éxito.
La clase siguiente el profesor extendió la mano y me dijo "creo q Esto estará mejor contigo q conmigo".
... era El Anillo.
Algún día veré a robbie desde tan cerca q lo dejaré sordo.
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