La amiga soltera

Recientemente asistí al matrimonio religioso de una amiga cercana. Mi amiga se llama claudia (pura coincidencia).
Nunca había recibido un parte de matrimonio a mi nombre. Todas las veces anteriores caí en la categoría de "...y familia", por lo que mi emoción fue mayúscula al ver que por fin algún contemporáneo se casaba. Algunas amigas tuvieron guagua, otras se cambiaron de país, otros se titularon de flamantes profesionales, otros celebraron su entrada a la vorágine laboral con sus primeros (y módicos) sueldos oficiales, pero nunca, ninguno, se había casado.
Casarse es para toda la vida. Te lo recuerdan varias veces durante la ceremonia también, en el caso de q no te hubieras dado cuenta todavía.
La primera vez q fui a un matrimonio fue el de mi tío claudio (no se si es coincidencia). En esa fiesta atrapé el ramo. Tenía 12 años y no entendí muy bien lo q pasaba, excepto q un grupo de jovencillas medias rellenitas refunfuñaban sin parar en medio de la pista, pidiendo q se repitiera el lanzamiento, que era ridículo q una pequeña como yo se llevara el solemne honor, y -peor aún- su supersticiosa esperanza de despedirse de la soltería.
Bueno, 12 años después, y cero matrimonios después, debí volver al grupete de agarradoras de ramo, ignorando si -en mi condición de poseedora facta de uno- me era legal estar en él o no. Como siempre esas instancias son organizadas muy rápido, no me di ni cuenta cuando estaba en medio de unas 20 señoritas que mostraban distintos grados de ansiedad por recibir el preciado. El flashback fue inevitable. El pánico me hizo arrancar muy diplomáticamente hasta el fondo del salón. Si esta vez volvía a caerme en la cabeza, ya no habría reclamos ni estafa, habría POSIBILIDADES.
A causa de la poca experticia de mi amiga en estas materias (era la primera vez q se casaba, lo q es bastante decir por estos días), el ramo calló a unos 30 centímetros de su espalda, por lo q no alcanzó a haber pelea ni arañazos. Una lástima para el espectáculo, pero un alivio social para mí.
Por supuesto que la niña q lo tomó tuvo q pasar por el trámite de las fotos y hasta pasó adelante a presentarse en sociedad como soltera. La animadora del evento -y tía de la novia- ejercía su función de forma notable, tanto, q no me quedaron ganas de participar en el segundo ritual de las solteras asistentes: las sorpresas de la torta.
No se si esto se hará en otras partes, pero me parece muy curioso eso de que la torta q todos comemos después, tenga figuritas de plástico entre los biscochos, esperando ser arrancadas de un ilusionado tirón por las asistentes casaderas, especialmente porque, al contrario de lo q se pudiera esperar, estas no tienen forma de novia, ni de anillo, ni de casa ni nada de lo predeciblemente matrimonial, sino q son autos, chupetes y hasta un camello. La niña del camello se fue sin saber si le saldría un viaje al Sahara o qué.

Fue una recepción típicamente tradicional, pero con toques para no olvidar, como el niñito q cantó una canción aparentemente infantil, sobre marineros perdidos en altamar q comenzaban a comerse unos a otros -partiendo por el "grumete más regordete"- para luego morir todos en una tormenta. Para el bronce.

Pero lo verdaderamente memorable es q me convertí, oficialmente, en una "amiga soltera", de esas q no van a entender cuando la casada no pueda asistir a todas las reuniones y panoramas. De esas q no saben de la responsabilidad de tener a cargo una casa con familia, de tener dependientes y no solo de depender. De esas q no conocen la estabilidad de "hasta q la muerte nos separe" y no ya de "hasta q el trabajo, los amigos o alguna estupidez nos separe".
Ser serio es una cosa, enseriarse es otra.
La claudia nos prometió q no se pondría "grave", pero yo se que no hay opción en ese sentido. Asumir un compromiso así, es, irrefutablemente, enseriarse.
No quiero pensar q la perdimos, pero sí hay q asumir q la cambiamos. La cambiamos por su versión casada, por su versión que quiere llegar pronto a la casa y q odia que queden migas de pan en el mesón de la cocina.
Un matrimonio es más q una lista expansiva -y aparentemente infinita- de invitados, es un shock masivo en las vidas de todos, como un mini tsunami que también remece las costumbres de los indirectamente involucrados, como yo. Todo parte por el temblorcillo inicial. Solo hace falta un matrimonio para abrir la puerta y en adelante es un efecto dominó de variaciones en la dinámica, de preguntas, de procesos de adaptación y de aceptación.
Yo siempre he sido mañosa, abstracta, cobarde, creativa, crítica y complicada por Mí misma, y ahora vino la Claudia y me convirtió -además- en Soltera.
Y eso es sólo el comienzo.

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