Dulce o travesura... o ambos
Ayer me tocó celebrar halloween involuntariamente, presenciando una mini peli de terror... en vivo.
Mientras disfrutaba de mi paseo en los últimos asientos de la locomoción colectiva que me lleva a mi casa (o a un paradero después de mi casa, dependiendo de los reflejos del chofer de turno) vi como en una de las paradas más concurridas por los potenciales pasajeros, una niñita de unos 7 años corría hacia la micro gritando "mira mamá, una Chiguayante Sur!". Acto seguido, la niñita se sube presurosa por la puerta de atrás, la cual es rápidamente cerrada por el chofer al darse cuenta de que la gente se le estaba colando al interior de su vehículo y fuente de trabajo. Entonces la puerta se cierra con tal estrépito que la niñita casi se vuela un dedo, el cual finalmente salvó ileso, pero su canastita de halloween en forma de calabaza quedó irremediablemente atrapada en la puerta. La lucha por liberarla regó todos los caramelos por las escaleras, y cuando comenzaba a recogerlos, advirtió con horror que ella había logrado subir, pero que su madre estaba por el otro lado de la puerta de vidrio.
En ese momento empezó el verdadero show, porque la pobre niña se puso histérica al imaginar -en una fracción de segundo, como suele pasar en este tipo de situaciones- que el bus partía con ella sola y desprotegida en un bus llenos de extraños sin rumbo conocido, mientras su mamá, en cambio se quedaba fuera.
Así que, a unos diez centímetros de mí, la niña empezó a gesticular frenéticamente, golpeando el vidrio con su calabacita y gritando "mamá! mamá! hasla parar! súbete!". La mamá, con toda tranquilidad, le decía que se calmara y esperara ahí. Pero la hija no parecía escucharla y, fuera de si, no le bastó con los chillidos, sino que se puso a atropellar a todos los pasajeros del pasillo sin dejar de mirar a su mamá, para llegar hasta la puerta delantera, bajar de la micro entre la gente cargada de bolsas del supermercado que quería pagar su pasaje, para luego volver a subir inmediatamente, esta vez de la mano de su mamá.
Después de todo el lío, la niña quedó en exáctamente el mismo lugar que al principio, parada al lado de la puerta de atrás, pero esta vez con muchas menos pastillas y muchas más respiraciones por minuto. Quedó saltona por el resto del viaje.
De miedo.
Mientras disfrutaba de mi paseo en los últimos asientos de la locomoción colectiva que me lleva a mi casa (o a un paradero después de mi casa, dependiendo de los reflejos del chofer de turno) vi como en una de las paradas más concurridas por los potenciales pasajeros, una niñita de unos 7 años corría hacia la micro gritando "mira mamá, una Chiguayante Sur!". Acto seguido, la niñita se sube presurosa por la puerta de atrás, la cual es rápidamente cerrada por el chofer al darse cuenta de que la gente se le estaba colando al interior de su vehículo y fuente de trabajo. Entonces la puerta se cierra con tal estrépito que la niñita casi se vuela un dedo, el cual finalmente salvó ileso, pero su canastita de halloween en forma de calabaza quedó irremediablemente atrapada en la puerta. La lucha por liberarla regó todos los caramelos por las escaleras, y cuando comenzaba a recogerlos, advirtió con horror que ella había logrado subir, pero que su madre estaba por el otro lado de la puerta de vidrio.
En ese momento empezó el verdadero show, porque la pobre niña se puso histérica al imaginar -en una fracción de segundo, como suele pasar en este tipo de situaciones- que el bus partía con ella sola y desprotegida en un bus llenos de extraños sin rumbo conocido, mientras su mamá, en cambio se quedaba fuera.
Así que, a unos diez centímetros de mí, la niña empezó a gesticular frenéticamente, golpeando el vidrio con su calabacita y gritando "mamá! mamá! hasla parar! súbete!". La mamá, con toda tranquilidad, le decía que se calmara y esperara ahí. Pero la hija no parecía escucharla y, fuera de si, no le bastó con los chillidos, sino que se puso a atropellar a todos los pasajeros del pasillo sin dejar de mirar a su mamá, para llegar hasta la puerta delantera, bajar de la micro entre la gente cargada de bolsas del supermercado que quería pagar su pasaje, para luego volver a subir inmediatamente, esta vez de la mano de su mamá.
Después de todo el lío, la niña quedó en exáctamente el mismo lugar que al principio, parada al lado de la puerta de atrás, pero esta vez con muchas menos pastillas y muchas más respiraciones por minuto. Quedó saltona por el resto del viaje.
De miedo.
Comments
en todo caso, ese tipo de cosas formará su carácter.
estoy seguro de eso
actualiza tu blog
queremos leer más aventuras!!!