Don´t panic
Estuve una hora y veinte minutos absorviendo una dosis hipodérmica para periodistas de mecánica cuántica, física cuántica y cuánticas varias. El profesor dijo que no nos dejaría ir de la sala sin comprobar nuestras caras de asombro insondable ante la problemática infinita que presenta la falta de una Explicación para el universo y todo lo que contenga y no contenga.
Yo lo veía moviéndose, gesticulando, abriendo unos ojos gigantes, saltando de un lado a otro, citando teorías de extintos alemanes, rusos y norteamericanos, casi gritando de emoción ante la certeza científica de que la gravedad no es tal y de que lo único cierto en la galaxia es la incertidumbre.
Me tomé un tiempo en ver las caras de los presentes, pero no tenían la expresión estupefacta que el profesor buscaba. Me dio lata, porque le ponía tanto empeño...
Pensé "caracoles!... la apatía sí ha aumentado sus bonos", porque lo cierto es que, al menos yo, estaba más extrañada por el hecho de que me inscribí en un taller de lectura y reciví física y fuerzas gravitatorias, que por el despliegue de teorías indecibles que había en la pizarra.
Pero después lo supe: no es la falta de asombro, es la brecha generacional. Es decir, hay esperanza para el profe. No se puede esperar, eso si, que una audiencia que creció con "volver al futuro" se remeza en su pupitre ante la posibilidad de universos paralelos, o el efecto potencialmente caótico que el aleteo de una mariposa en una aldea africana puede tener en la economía chilena.
Todos sabemos que el pequeño gran problema de Marty -en la primera peli de la excelente saga de los noventa- es su entrada en una difurcación en la dimención espacio temporal que conoce, para trasladar su conciencia a una realidad paralela, deribada de un nodo de trascendencias insospechadas, en la cual su madre es su novia -entre otras cosas desquiciadas-. ESO me pareció impresionante. Eso siempre me va a parecer impresionante, más que el postulado einsteniano de que los planetas descansan sobre una cama recién tendida, por ejemplo.
Debe ser por la sobreexposición desde tempranísima edad a la ficción cinematográfica que no sufro -o ya no lo hago- de urgimiento existencial por una explicación suprema del infinito y más allá. Creo que, en su lugar, acepto como posible todo fenómeno que entre bajo el rótulo de "lo inexplicable", de forma natural, con tranquilidad y humildad.
La pretención exacerbada y muchas veces la mera vanidad hacen que nos chiflemos pensando más de lo necesario en lo que sabemos que no podemos resolver.
Yo se una cosa... el sentido de la vida es 42. Pero no se por qué.
También se que más importante que la respuesta, es dar con la pregunta correcta. Pero no se cuál es esa.
Finalmente, se que cuando tenga alguna duda cósmica, puedo consultar la Guía del Autoestopista Galáctico, que -aunque no me aclarará nada realmente- al menos me hará pasar un buen rato.
Yo lo veía moviéndose, gesticulando, abriendo unos ojos gigantes, saltando de un lado a otro, citando teorías de extintos alemanes, rusos y norteamericanos, casi gritando de emoción ante la certeza científica de que la gravedad no es tal y de que lo único cierto en la galaxia es la incertidumbre.
Me tomé un tiempo en ver las caras de los presentes, pero no tenían la expresión estupefacta que el profesor buscaba. Me dio lata, porque le ponía tanto empeño...
Pensé "caracoles!... la apatía sí ha aumentado sus bonos", porque lo cierto es que, al menos yo, estaba más extrañada por el hecho de que me inscribí en un taller de lectura y reciví física y fuerzas gravitatorias, que por el despliegue de teorías indecibles que había en la pizarra.
Pero después lo supe: no es la falta de asombro, es la brecha generacional. Es decir, hay esperanza para el profe. No se puede esperar, eso si, que una audiencia que creció con "volver al futuro" se remeza en su pupitre ante la posibilidad de universos paralelos, o el efecto potencialmente caótico que el aleteo de una mariposa en una aldea africana puede tener en la economía chilena.
Todos sabemos que el pequeño gran problema de Marty -en la primera peli de la excelente saga de los noventa- es su entrada en una difurcación en la dimención espacio temporal que conoce, para trasladar su conciencia a una realidad paralela, deribada de un nodo de trascendencias insospechadas, en la cual su madre es su novia -entre otras cosas desquiciadas-. ESO me pareció impresionante. Eso siempre me va a parecer impresionante, más que el postulado einsteniano de que los planetas descansan sobre una cama recién tendida, por ejemplo.
Debe ser por la sobreexposición desde tempranísima edad a la ficción cinematográfica que no sufro -o ya no lo hago- de urgimiento existencial por una explicación suprema del infinito y más allá. Creo que, en su lugar, acepto como posible todo fenómeno que entre bajo el rótulo de "lo inexplicable", de forma natural, con tranquilidad y humildad.
La pretención exacerbada y muchas veces la mera vanidad hacen que nos chiflemos pensando más de lo necesario en lo que sabemos que no podemos resolver.
Yo se una cosa... el sentido de la vida es 42. Pero no se por qué.
También se que más importante que la respuesta, es dar con la pregunta correcta. Pero no se cuál es esa.
Finalmente, se que cuando tenga alguna duda cósmica, puedo consultar la Guía del Autoestopista Galáctico, que -aunque no me aclarará nada realmente- al menos me hará pasar un buen rato.
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