Crece la apatía en Ciudad Gótica
En días como este pienso... "y qué tanto?"
Me llegan mensajes de todos lados, diciéndome cosas que en otro tiempo me preocuparían, pero que ahora son como adornos de un día como cualquier otro, pero distinto a todos.
"Y qué si ahora tienes a otra? (aunque yo nunca fui, que no se te olvide)", "Y qué si el trabajo es para mañana?", "Y qué si la ropa me queda chica?", "Y qué si el libro se devolvía el 24 de agosto? y qué si ahora no puedo perdir ninguno por el resto del semestre?".
Qué relevancia tiene todo esto para mi vida?
Hace tres años atrás, siendo yo una jovencilla estudiante de periodismo de segundo año, me preocupaba el destino de mis certámenes del primer semestre, debido a un paro -el típico por los créditos universitarios- que se prolongaba hasta el infinito y amenazaba con desarticular todo el calendario académico.
En una asamblea llena de otros jovencillos "compañeros" enfervorecidos, lebantó la mano un muchacho de aspecto algo viejo -digamos de unos 25 años en una asamblea que promediaba los 19 físicamente y los 15 mentalmente- y dijo lo siguiente, ante el dilema moral de continuar o no con las "movilizaciones":
"A mi me parece que por lo que aquí se está abogando es, por cierto, una causa muy noble. Sin embargo, y como descargo ante los comentarios sobre la apatía demostrada por los compañeros de quinto año, entre los cuales me cuento, me siento en la obligación de sincerarme con ustedes. Nosotros que nos encontramos en nuestro último año de estudio... no estamos ni ahí con este asunto del paro. Lo UNICO que queremos es, efectivamente, salir luego de acá y olvidarnos del asunto".
Lo que me pareció una patudez notable en aquel tiempo, atendiendo a las caras de espanto de los revolucionarios presentes, me parece ahora de lo más razonable. En mi último semestre me siento como si llevara 10 años viviendo El Día de la Marmota. Ya basta.
Lo siento por mi profesor de Literatura, pero -aún considerándome una persona bastante reflexiva- no planeo pasarme la vida pensando en el significado de la vida. Esa es como una metavida que no solo es cansadora, sino muy poco rentable, puesto que ya platón y otros vejetes se ocuparon de facturar por ello. "Qué alguien me explique, alumnos, por qué esta silla es una silla"... pues no seré yo.
Pero, en fin, fuera del ámbito académico la apatía también crece por doquier.
La infancia pasó, el jardín infantil pasó (en un record de solo 15 días, además), el colegio pasó... la universidad es para mí como un Hombre Muerto Caminando.
Qué relevancía para mi vida iban a tener las menudencias con las que me quiere cargar el día a día?
Pues ahora se que ninguna.
... y a otra cosa, que nuestros años son pocos.
Me llegan mensajes de todos lados, diciéndome cosas que en otro tiempo me preocuparían, pero que ahora son como adornos de un día como cualquier otro, pero distinto a todos.
"Y qué si ahora tienes a otra? (aunque yo nunca fui, que no se te olvide)", "Y qué si el trabajo es para mañana?", "Y qué si la ropa me queda chica?", "Y qué si el libro se devolvía el 24 de agosto? y qué si ahora no puedo perdir ninguno por el resto del semestre?".
Qué relevancia tiene todo esto para mi vida?
Hace tres años atrás, siendo yo una jovencilla estudiante de periodismo de segundo año, me preocupaba el destino de mis certámenes del primer semestre, debido a un paro -el típico por los créditos universitarios- que se prolongaba hasta el infinito y amenazaba con desarticular todo el calendario académico.
En una asamblea llena de otros jovencillos "compañeros" enfervorecidos, lebantó la mano un muchacho de aspecto algo viejo -digamos de unos 25 años en una asamblea que promediaba los 19 físicamente y los 15 mentalmente- y dijo lo siguiente, ante el dilema moral de continuar o no con las "movilizaciones":
"A mi me parece que por lo que aquí se está abogando es, por cierto, una causa muy noble. Sin embargo, y como descargo ante los comentarios sobre la apatía demostrada por los compañeros de quinto año, entre los cuales me cuento, me siento en la obligación de sincerarme con ustedes. Nosotros que nos encontramos en nuestro último año de estudio... no estamos ni ahí con este asunto del paro. Lo UNICO que queremos es, efectivamente, salir luego de acá y olvidarnos del asunto".
Lo que me pareció una patudez notable en aquel tiempo, atendiendo a las caras de espanto de los revolucionarios presentes, me parece ahora de lo más razonable. En mi último semestre me siento como si llevara 10 años viviendo El Día de la Marmota. Ya basta.
Lo siento por mi profesor de Literatura, pero -aún considerándome una persona bastante reflexiva- no planeo pasarme la vida pensando en el significado de la vida. Esa es como una metavida que no solo es cansadora, sino muy poco rentable, puesto que ya platón y otros vejetes se ocuparon de facturar por ello. "Qué alguien me explique, alumnos, por qué esta silla es una silla"... pues no seré yo.
Pero, en fin, fuera del ámbito académico la apatía también crece por doquier.
La infancia pasó, el jardín infantil pasó (en un record de solo 15 días, además), el colegio pasó... la universidad es para mí como un Hombre Muerto Caminando.
Qué relevancía para mi vida iban a tener las menudencias con las que me quiere cargar el día a día?
Pues ahora se que ninguna.
... y a otra cosa, que nuestros años son pocos.
Comments