Coriolis Inn

Soy la orgullosa dueña de una cárcel de caracoles.
Aunque yo no le diría "carcel", sino más bien "hotel de caracoles", porque están viviendo mejor de lo que habrían estado entre las plantas del patio, infestadas de veneno contra los de su clase, depredadores varios y otros peligros insospechados.
De mi experiencia -que ya lleva 3 días en curso- concluyo que los caracoles no son criaturas muy inteligentes o, al menos, no saben lo que les conviene. En lugar de disfrutar de una estadía con comodidades inmejorables, hacen lo imposible por escapar de su burbuja plástica, pasan unos encima de otros, son persistentes y cargantes, babosos a más no poder y muy rápidos, al contrario de lo que se pueda creer de ellos.
Me carga ver que su pequeño ecosistema especialmente diseñado para su confort, que armé con tierra de hojas, plantas vivas y comida de varios tipos, no es suficiente para que me hagan el favor de vivir sus vidas ante mis ojos. Tal vez son bichos muy celosos de su privacidad y se negarán a interactuar normalmente y menos a tener caracolitos mientras las paredes sean transparentes.
Tal vez no les gusta ser observados mientras estan en "cautiverio", lo que me parece interesante, porque estos detalles no parecen ser importantes para otras especies, como los humanos, por ejemplo, que inventaron el reality show precisamente para este propósito.

Un amigo me dijo que los caracoles del hemisferio norte tienen la caparazón enroscada hacia el lado contrario. Se supone que el fenómeno es producto del Efecto Coriolis, una de las cosas más extrañas del mundo, en el que la fuerza de rotación de la tierra hace que los objetos tiendan a tomar una dirección determinada -derecha o izquierda- en su movimiento involuntario. Si el experimento del Caracol Inn prospera, me dispondré a inventar algún mecanismo que imite la rotación terrestre a la inversa, con una plataforma giratoria, imanes, ventiladores, tuvos fluorescentes, polvos mágicos, imágenes de vikingos adornando las paredes, lo que sea necesario para que crean estar en el hemisferio norte.
Si todo resultara fantásticamente, podría ver cómo las crías salen con el caparazón al revés, con un poco de suerte sería testigo de épicas peleas de clanes, en que el padre de familia se preguntaría por qué sus hijos son sospechósamente nórdicos. O, mejor aún, que en la desorientación, nacieran con el caparazón... liso. Sería revolucionario.

Ahora sólo tengo que resolver el problema de los eternos aspirantes a prófugos.
Cómo no entienden que están en el equivalente caracolil de un resort 5 estrellas en Waikiki?! Malditos bicharracos malagradecidos. Les pondré prozac en el agua.

Comments

Anonymous said…
Una de las raras ocasiones en la cual una persona puede sentir la fuerza de Coriolis es cuando trata de caminar siguiendo una trayectoria radial en un tiovivo (o carrusel). Cuando la persona se aleja del eje de rotación, sentirá una fuerza que la empuja en el sentido contrario a la rotación: es la fuerza de Coriolis.

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